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Rudolf Steiner

Agricultura I

2026, 178 pp.

“Toda la economía de la naturaleza subyace en la ciencia espiritual. Se piensa desde el todo. Lo individual es determinante para el todo. Practicar la agricultura desde este punto de vista, sólo puede dar como resultado lo mejor para los seres humanos y para

los animales.”

Con estas palabras, Rudolf Steiner brinda las claves para acceder a su concepto de agricultura [Landwirtschaft]. En 1924, el antropósofo dicta su reconocido Curso de Agricultura en Koberwitz, un ciclo de ocho conferencias donde establece sus “fundamentos de la ciencia espiritual para el desarrollo de la agricultura”.

La agricultura es una individualidad (cerrada y autosuficiente) que forma parte de una constelación cósmica, de la cual se nutre y resuena en sus ritmos. Esta premisa es fundamental para intervenir en la esfera práctica. Steiner no se queda en una justificación filosófica espiritual de la conexión tierra-ser-cosmos, por el contrario, esa conexión es la que le permite desarrollar los procedimientos técnicos (el abono, los preparados biodinámicos, el compostaje) para promover que los alimentos sean beneficiosos para el ser humano.

De una agricultura no se espera que sea abundante o productiva, es decir, financieramente rentable, sino que, de forma orgánica, pueda impulsar la existencia interior de las personas, esto es, que las fuerzas del cosmos actúen en nuestro organismo a través del ámbito terrenal.

En nuestra edición, hemos dividido las conferencias en dos tomos. El presente tomo abarca las primeras cuatro conferencias que se centran específicamente en: 1. cómo la Tierra, integrada en la acción cósmica del Sol, la Luna y los planetas, configura el desarrollo constante de lo viviente; 2. una agricultura saludable es la que produce sus propios medios de explotación, por lo tanto, debemos fomentar sus fuerzas internas y el “dar y recibir” entre animal y planta; 3. los minerales como elementos esenciales para una agricultura (el nitrógeno, carbono, oxígeno, hidrógeno y azufre en interacción con lo silíceo y lo calcáreo), dado que sostienen la vitalidad y sensibilidad en la planta; 4. el suelo y la planta como una unidad, la cuestión del abonado.

Dado que Steiner profesaba un profundo respeto por el saber campesino, su pensamiento constituye un desafío muy actual para el sector agroalimentario, aún hoy reticente al fomento de un trabajo en conjunto entre el saber práctico del campo y la investigación científica. El movimiento biodinámico reposa, en gran medida, en ese objetivo. Y ese compromiso no se agota en un pensamiento sobre el suelo, la alimentación o la acción climática, es un compromiso vital, porque, en palabras de Steiner, “los intereses de la agricultura están entrelazados en todas partes con el círculo más amplio de la vida humana (…) casi no hay un ámbito de la vida que no pertenezca a la agricultura. Desde cualquier lado, desde cualquier rincón, todos los intereses de la vida humana confluyen en la agricultura.”    

Buchwald Editorial, 2026, Buenos Aires

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