August Stramm

La humanidad

2021, 36 pp.   
CC 4.0

En agosto de 1914, después de que Alemania le declarase la guerra a Rusia, August Stramm (1874-1915) fue llamado al servicio militar. En septiembre de 1915 murió en combate.

 

1914 fue también el año en que Stramm experimenta su fase creativa más importante. Ese repentino estallido de creatividad se materializó en obras de teatro, dos libros de poesía: Vos [Du] y Gota de sangre [Tropfblut] y dos poemas extensos: “Dolor universal” [Weltwehe] y “La humanidad” [Die Menschheit]. Y tiene su origen en el encuentro de Stramm con el expresionismo; en particular, en su amistad con Herwarth Walden, editor de la revista Der Sturm, en donde comenzó a publicar su obra. 

 

Los poemas de guerra de Stramm no están fechados ni localizados, lo que hace casi imposible establecer el orden preciso en el que fueron escritos o leerlos como intentos de representación de las experiencias del poeta durante ese periodo. De hecho, la poesía de Stramm no contiene ningún nombre propio y, no hace alusión alguna al canon literario occidental. No hay personificaciones de la guerra ni de la muerte ni de la victoria. Tampoco hay referencias a las causas de la guerra ni a las razones por las que él luchaba; de hecho, nunca habla de enemigo alguno. Por el contrario, Stramm intenta plasmar, de la manera más visceral posible, el impacto de la guerra moderna sobre el soldado, su inconsciente, su cuerpo y sus sentidos. 

 

En Stramm, la realidad externa de la guerra nunca tiene forma objetiva, sino solo experiencial, y, sin embargo, carece del sujeto de la experiencia, incluso se podría decir que, en búsqueda de una experiencia supra-individual, afectiva e irracional, lo niega completamente. 

 

Por medio de un flujo intenso y hasta incoherente, su lenguaje se aplica al continuo sentido de lo vital, al “devenir” de la experiencia, y se niega a cualquier anclaje temporal y conceptual. En Stramm predominan los versos de una palabra, los neologismos, las onomatopeyas, verbos en infinitivo y los sustantivos deverbales, elimina prefijos y sufijos, repite constantemente palabras y estructuras, renuncia a la puntuación. 

 

Es muy probable que su poética parta de su recepción de la filosofía del lenguaje de la época, en especial de Fritz Mauthner (Contribuciones a una crítica del lenguaje, 1910-1912) y Hans Vaihinger (La filosofía del “como si”, 1900), pero también –y quizá como incentivo definitivo– del Manifesto tecnico della letteratura futurista de Filippo Tommaso Marinetti. De Mauthner, Stramm puede haber adquirido la noción de que la realidad no se puede conocer a través del lenguaje, pues no se trata de una herramienta cognitiva, sino, en el mejor de los casos, de un Kunstmittel (vehículo artístico). Asimismo, Vaihinger postula que la realidad no existe como una entidad constante e independiente y que son sólo las sensaciones las que son accesibles al individuo y expresables a través de lo que llama “ficción”: la comunicación, para él, se hace posible cuando una palabra expresa un “complejo de sensación”. En este contexto, el manifiesto de Marinetti –que, entre otras cosas, enfatiza la necesidad de abandonar la sintaxis para liberar las palabras, y que éstas puedan volver a conectarse según su propia lógica–, le habría enseñado a cómo traducir el escepticismo del lenguaje en poesía.

 

En cualquier caso (es decir, si el radicalismo del lenguaje poético de Stramm es solo producto de su contexto intelectual, o si refleja una actitud radicalmente escéptica hacia la capacidad representativa del lenguaje), sus poemas, al exhibir una de las experiencias más extremas del ser humano, están dotados de una singularidad demoledora en relación a cualquier expresión de su época.