Milly_Steger_Kafka_edited.jpg
Franz Kafka

Un artista del hambre

2022, 23 pp.   
CC 4.0

En “Un artista del hambre” (1922), Kafka retoma un tema que trabajó en La metamorfosis: el hambre. Sin embargo, este texto parece llevarlo al absurdo, pues lo explora desde la perspectiva del arte. Los artistas del hambre eran performers que ayunaban durante un largo período de tiempo como atracción pública en la Europa de fines del siglo XIX y principios del XX. Así se ganaban la vida. Los más conocidos realizaban giras periódicas por Europa. 

Esta obra le da a Kafka la oportunidad de explorar, por medio del hambre, de su performatividad y puesta en escena, una de las facetas de su propia concepción del arte: la alienación de la vida por las necesidades que el arte impone. La desmesura del deseo de perfección artística se contrasta con una serie de elementos que, irónicamente, relativizan la pretensión de absolutismo.

En primer lugar, la paradoja interna del arte, esa dialéctica que expone lo extraordinario como habitual, cotidiano, incluso caprichoso. El personaje principal se convierte en el “artista del hambre más grande de todos los tiempos” porque no encuentra alimento que le guste.

Otro aspecto importante es la representación del cuerpo del artista. Kafka enfatiza la debilidad excepcional, que difiere marcadamente del ideal de masculinidad del hombre adulto. En esta obra, incluso se podría hablar de una conexión entre cuerpo demacrado y cuerpo feminizado. En cualquier caso, a la debilidad del artista, Kafka antepone –no sin ironía– una vida alegre, segura, llena vitalidad y agresividad (la pantera). A la concentración del artista que acepta la muerte, se le opone la distracción, el entretenimiento: 

Das Leben ist eine fortwährende Ablenkung, die nicht einmal zur Besinnung darüber kommen läßt, wovon sie ablenkt.

[La vida es una constante distracción, que ni siquiera permite pensar en aquello de lo que distrae.]