Sophie Taeuber-Arp: Querido Plön, cartas 1919

A Hans Arp, 19 de febrero de 1919, Sanatorio Altein Arosa.
Querido Plön:
Gracias por los libros, también por la revista de arte, esta vez no estuvo tan aburrida. Afuera brilla el sol y aquí dentro tengo que escuchar dialecto bávaro y sajón, no sé por qué siempre pierden las botas y luego tienen que buscarlas a los gritos. Siento como si fuera transparente y estuviera acostada en un acuario sin entender nada. Todo me parece amenazante e imposible, tener que trabajar tanto de nuevo para, después de dos o tres años, volver a estar postrada y enferma, y así sucesivamente hasta que me muera. ¿No hay algo mejor que hacer con el tiempo que tenemos hasta morir que esforzarnos por ganar dinero? Si, al final, no podés tener las cosas que deseás y además hacés trabajos comisionados, que, aunque puedan ser muy bonitos e interesantes, son desproporcionadamente trabajosos, ya que solo son cuestión de gusto y no aportan nada nuevo. Después de todo, ¿qué es lo que hace la diferencia? Además, soy mucho más inteligente porque, debido a mi enfermedad, soy un espíritu. O capaz esté tan enferma por eso. Además, soy mujer y eso lo hace aún más complicado. Quizás te preguntes por qué tenés que compartir esta conversación conmigo, pero cuando no se entiende nada, tal vez lo mejor sea hablar con alguien, aunque no haya respuesta. De lo contrario, todo se vuelve tan terriblemente hueco.
Por cierto, ¿cómo estás? ¿Fuiste al médico? Dicen que mi placa de rayos X salió bien, fue tomada en la escuela de enfermeras. El viernes viene el otorrinolaringólogo. El médico principal se parece a un pez inteligente y divertido, el médico de cabecera es alto y muy nervioso, y el tercero es un turco corpulento. Pero siempre están ocupados, todavía no pude averiguar qué me pasa, tampoco importa. Muchos cariños, tu Gigi.
A Hans Arp, 8 de marzo de 1919, Altein Arosa.
Querido Plönelmann:
¡Espero que ya estés bien para disfrutar plenamente del esplendor de una Dadasoirée! Es una lástima que yo no pueda estar, todo es tan aburrido aquí, me da la impresión de que todos piensan que estoy loca. Tu poema es muy bonito y alegre, solo la cuarta línea parece no encajar del todo. ¿Avanzaste con tu serie de dibujos? El sábado pasado me enojé con vos, podrías haberte llevado el cuadro, estaba tan molesta por eso que ni siquiera quería escribirte. Maldito. Está nevando de nuevo, Plön, espero que no te aburras demasiado aquí. Te vendría bien quedarte un poco más, el aire es muy bueno. Si Kropp está de vuelta, voy a hablar con él sobre dónde sería mejor que te alojaras. Pero no puedo alquilar nada hasta que me digas exactamente cómo te va. ¿No te gustaría traer acuarelas? ¿O preferís seguir trabajando con tinta? El título Tumor cerebral no me gusta nada, es demasiado Cabaret Voltaire y Lichtenstein y Benn, incluso Meyrink. Flor cerebral me gustaría mucho más. En casa siempre decíamos “tenés flores”, cuando nos referíamos al cerebro, a las ideas. Se me acaba de ocurrir otra cosa, Mischtgrüebli, en suizo significa el lugar en la mente donde se guarda todo lo que no funciona del todo bien, como la malicia o cosas así. Si la publicación se vuelve periódica, podrían llamarla Mischtgrüebli. Si pueden garantizar al menos 3 números, me suscribo. Aquí, de vez en cuando, tenés que donar 10 francos, una está sin hacer nada en la cama y de repente aparece una señora y te pone en la cara una lista, “para los pobres enfermos de pulmón”, “para la Cruz Roja”, etc. Así que también puedo donar 10 francos por su tumor... si solo el nombre no fuera tan tonto.
Tendría que haber un colectivo de artistas, como una cooperativa. Pero aquí no es algo urgente, después de todo, no pasamos tanta hambre y matarse a tirnos no es el deporte nacional. ¿Te uniste al Novembergruppe? Leí en el N. Z. Z. que van a exponer en Berlín. Así que diviértete mucho, querido, y espero que no te aburras demasiado aquí. Tu Gigi.
Dile a los dadaístas que mis flores cerebrales lloran por no poder ver su esplendor. Adiós querido globo, tu pajarito. Hoy el doctor me dijo que mi fatiga es típica de la fatiga glandular, podría haberla tenido durante años. ¿Te acordás cómo me costó ir a bailar al Fernández y seguirle el paso a las chicas de Basilea esa última noche con vos, Plön? No podés imaginar lo increíblemente difícil que fue todo. Ahora recuperé mi peso normal y quiero ganar más.
A Elisabeth von Ruckteschell, 14 de abril de 1919, Altein Arosa.
Querida Lisi:
Solo he recibido noticias fugaces sobre la Dadasoirée, y estoy muy ansiosa, parece que fue un verdadero alboroto. Es una lástima que Tzara haya elegido un salón tan inapropiado, es tan sobrio e incómodo. ¿Bailaste? Contame algo cuando tengas tiempo. Muchas gracias por tu carta. ¿Será culpa de Brandt que tu trabajo sea tan aburrido, que se hagan tan pocas cosas nuevas? Aquí lo único que hay es niebla y nieve. Aún no he ido a Maran, quizás lo haga la próxima semana, el progreso es lento pero estoy mejorando, solo que por las mañanas tengo náuseas y mareos. Si tan solo pudiera darte un poco del exceso de tranquilidad que hay aquí, el frenético ritmo de los días en Zúrich podría ser disfrutable si no tuviéramos que luchar tanto y constantemente.
Leí una nueva novela de Hülsenbeck, que es bastante buena, fantástica, pero la abundancia en Hoffmann me deleita aún más. A veces se entrega a una especie de frenesí al abolir todas las leyes, convierte a las personas en piezas de un juego, hace que las formas cambien salvajemente y, entre todo eso, esa divertida sensibilidad sentimental.
Hacer algo para el teatro, algo con actores, todavía me parece imposible sin que sea un tanto diletante. Quizás algo con títeres sea factible. Es una lástima que Hülsenbeck y Ball no estén aquí. Tzara es tan ambicioso y está demasiado obsesionado con la tinta de imprenta. Sin embargo, no le gusta trabajar y solo con planes y publicidad no se logra nada. Ball, con nuestra moral de trabajo, podría haberlo hecho. La habilidad está ahí, solo falta la ejecución. Sé que no estás de acuerdo conmigo. En cualquier caso,
también creo que algo se va a hacer. Solo quiero tener un objetivo o una fuerza que lo prometa.
Lisi, en los momentos en que vemos lo espantoso de nuestras vidas y vislumbramos las profundas fuerzas que yacen en nosotras mismas, y para las cuales los seres humanos crean dioses, existimos realmente. Pero está más allá de nuestros límites hacerlo sólo por momentos. Y, sin embargo, me resulta imposible creer en un progreso, solo creo en el cambio, que es necesario y que no debemos impedir. No creo que los gritos cesen, pero quizás esté arraigado en nosotras escucharlos y buscar ayudar; creo que si cesaran, otros igualmente horribles sonarán, tal vez no en nuestra conciencia, sino en la de otros. Parece que es parte de la naturaleza humana querer defenderse con actividad contra lo horrible. Sé que solo existe una actividad en mí misma, todo lo demás sería un ultraje y, por lo tanto, dañino.
Acabo de leer algo de Jung donde dice que la humanidad tiene los mismos problemas que cada individuo lleva en sí, y si cada uno pudiera resolver sus problemas, también se resolverían los grandes problemas de la humanidad. Ves, cada uno a su manera, se atormenta con las mismas cosas.
Wigman me envió críticas y reseñas, sabía que en algún momento la gente tenía que reaccionar. Son tontos, ¿por qué no notaron su trabajo antes y la ayudaron, en lugar de aplaudir y celebrar cualquier movimiento ridículo, cualquier mueca grotesca. Todo tiene un hedor a estupidez. Por ejemplo, ¿son Flips y Künzler tan tarados para no ver que nunca podrán hacer arte con sus habilidades en la danza? A veces me asombra profundamente cómo puede existir tanta falta de claridad durante tanto tiempo, ¡y sobre todo porque conoce lo que hace Wigman! Para mí, uno de los mayores dones que este mundo puede ofrecernos es conocer a personas como Arp y Wigman. Tal vez el sentimiento sea tan fuerte en mí porque carezco en absoluto del don de la armonía, me cuesta empatizar con los demás y así entrar en contacto con ellos, algo que Laban posee en exceso.
Quiero acostarme antes de comer, adiós Lisi, muchos saludos, Muz.
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