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Rudolf Steiner y Joseph Beuys: Por una agricultura alternativa

  • Foto del escritor: Buchwald
    Buchwald
  • 21 mar
  • 11 Min. de lectura

¿Cómo se pueden evitar influencias dañinas durante el almacenamiento del cuerno de vaca y su contenido?

 

En general, en estas cuestiones, ocurre que, al eliminar las llamadas “influencias dañinas”, se suele provocar más daños que si se las deja. Es un hecho que en los últimos tiempos hay una obsesión tremenda por desinfectarlo todo. Sin duda, se va demasiado lejos con eso en todos los ámbitos. En el caso de nuestros remedios, por ejemplo, si queremos evitar toda posibilidad de que aparezca moho, hay que emplear métodos que frenan la fuerza curativa propiamente dicha. Yo no tengo tanto respeto por aquello que se asienta en ellos como “dañino”. No perjudica tanto. Lo mejor es no esforzarse mucho en aplicar métodos de desinfección, sino dejarlos como están. Nosotros pusimos vejigas de cerdo por encima para que no cayera tierra dentro. Particularmente, yo no recomendaría hacerle una limpieza a los cuernos. Hay que familiarizarse con la idea de que la suciedad no siempre es “mugre”. Si usted, por ejemplo, se unta la cara con una fina capa de oro se está ensuciando, pero el oro no es suciedad. Por eso, la suciedad no siempre es suciedad. A veces, es justamente aquello que actúa como conservante.

 

Rudolf Steiner, Agricultura I, Buchwald Editorial.



Wie man dem toten Hasen die Bilder erklärt

[Como se le explica un cuadro a una liebre muerta, 1965]


Discusión con Joseph Beuys

Fondazione per la Rinascita dell'Agricoltura.

Borsa Merci de Pescara, 12 de febrero de 1978


Joseph Beuys: En esta intervención me parece importante comenzar con algo que, en cierto sentido, es filosófico. En los países mediterráneos, más que en otros, suelo notar una falta de exactitud al distinguir entre ideología e idea. Tener presente esta distinción en la conciencia crítica como algo central –yo diría incluso revolucionario– del ámbito ideológico es importante para comprender lo que la Free International University (FIU) tiene de “nuevo”.


Toda nuestra vida, económica y política, en este momento, está dominada por ideologías; de esto son responsables, en primer lugar, los partidos políticos. Eso explica el verdadero significado de la Free International University, una institución que pretende desarrollar una alternativa a los sistemas existentes, tanto en Occidente como en Oriente, al capitalismo privado y al capitalismo de Estado. Ambos sistemas políticos se han estructurado sobre una ideología que insiste en una terna constituida por: beneficio, propiedad y dependencia del salario.


Es importante conocer la diferencia entre lo que quieren los partidos políticos –y en general, los operadores políticos– y lo que pretende hacer la Free International University como alternativa fenomenológica abierta y tolerante que, ante todo, ve un ser creativo en cada ser humano. Esto nace de mi profunda convicción de que no existe otra fuerza revolucionaria que el poder creativo del ser humano, de cada ser humano como artista. Esta afirmación no es abstracta y se puede demostrar cuando se despeja el campo de la ideología. Esta afirmación se convalida por el hecho de que los conceptos cambian cuando se liberan de su investidura ideológica y se llega a su núcleo fenomenológico. Un concepto de arte ampliado es algo muy distinto al concepto tradicional burgués de arte. Este último, de hecho, se aplica en las llamadas “empresas artísticas”  –primordialmente museos, galerías y mercados de arte– y estructura la actividad metodológica de los críticos, de los historiadores del arte y de la educación artística impartida en las escuelas. Me parece evidente que es imposible desarrollar dentro de estas instituciones un concepto antropológico del arte que se refiera a cada ser humano. Es importante que tal concepto de creatividad y, por tanto, del arte, ingrese en las conciencias, para que las personas experimenten gradualmente la validez de la voluntad individual de autodeterminarse. Con tal voluntad queda perfectamente claro que es necesario llevar adelante algunas batallas políticas para que el ser humano pueda poner en práctica, en libertad, su capacidad de ser creativo, es decir, de ser un artista. Para llevar a cabo todo esto es necesario tener una forma de educación libre. De hecho, es absurdo pensar que un sistema en el que la autodeterminación convive con la represión pueda liberar al ser humano.


Está claro que estoy hablando del sistema cultural que está en manos del Estado, tanto en la Europa occidental con su capitalismo privado como en el Este con su capitalismo de Estado. 


La consecuencia de un concepto ampliado de cultura, que involucra a todos los seres humanos y a todos los ámbitos problemáticos, es el desarrollo de una idea de la creatividad como principio capital y espiritual. Si, por tanto, el concepto de arte se socializa en estos términos, hay que tener en cuenta esta modificación, de tal modo que resultará absurdo que el concepto económico se identifique exclusivamente allí donde se producen objetos físicos. Una vez aclarado que este concepto ampliado de arte afecta a todos los campos del organismo social –porque se trata de transformación–, resulta absurdo y no se puede entender cómo esos colectivos de trabajo que producen estos bienes espirituales, que producen el capital creativo, deban vivir bajo la represión y en la dependencia del Estado y de los partidos.


Entonces, ¿en qué consiste lo “nuevo”, en la aparición de la “nueva” sociedad?


En que se pueda llegar a un conocimiento del trabajo humano libre de prejuicios. Se trata de liberarnos de las ideologías, de los prejuicios sobre el trabajo humano, sobre la propiedad de los medios de producción y de las materias de producción. Todo esto constituye el aparato del abuso de poder por parte de unos pocos, quienes se sirven de ello para explotar al ser humano y para destruir en él lo social que ya existe a nivel embrionario. Debemos, pues, reconocer que lo que hoy es un factor tan negativo en el trabajo no es más que la interacción de estos tres principios fundamentales: beneficio, propiedad y dependencia salarial.


Estas ideas se han introducido a través de la concreción de un concepto materialista, un concepto precisado también en su ciencia. Como ejemplo vale la elaboración o el acto científico de Adam Smith, quien fue el que desarrolló principalmente el principio de la economía basada en el intercambio de dinero. Bajo este principio económico, el trabajo se intercambia por dinero y el servicio prestado por el individuo se convierte precisamente en mercancía.


Que estos desarrollos artificiosos e históricos están necesariamente llegando a su fin es un dato cierto. Por este motivo, se requiere un replanteamiento de lo que existe hoy. Por ejemplo, el dinero, que hoy organiza el trabajo sobre la base del principio del dinero como medio de intercambio, es un elemento que debe sufrir una transformación y un desarrollo, una evolución hacia arriba, y salir de su posición de identificación de la mercancía con un valor económico fijo correspondiente.


Este dinero debe transformarse en un regulador jurídico de las relaciones. Es decir, el dinero debe convertirse en un documento jurídico para que sea la expresión elemental de la democracia. Como consecuencia de tal verdad necesaria, en tal replanteamiento, todo el sistema bancario se transformaría en una figura democrática de derecho.


Este documento jurídico que acompaña a los procesos laborales del ser humano no es el verdadero factor económico, mientras que el verdadero capital es el arte, es decir, la creatividad humana; y queda claro que este capital concreto está simplemente acompañado por un documento jurídico. Este dinero que crea obligaciones para los productores –la obligación de invertir en el trabajo humano o de invertir la capacidad humana en el trabajo– podría, como primera consecuencia, evitar el desempleo. Por otro lado, tenemos al ser humano que recibe su renta y, a través del dinero como documento jurídico, adquiere el derecho a obtener mercancías.


Los caracteres esenciales del dinero como “documento jurídico” son, por un lado, obligar a los productores y, por otro, legitimar al consumidor para la compra de mercancías. Dado que no tiene un valor económico [en sí mismo], el dinero pierde, tras la compra, todo valor tanto en el lado del capital como en el del producto, y como documento carente de valor vuelve, tras la compra, a la red central de los bancos.


Se requiere, por tanto, un acto jurídico original y nuevo para devolver algún valor al dinero. Hemos comprendido –partiendo del principio de que el dinero es esencialmente un documento jurídico– que de él no proviene nada. Por tanto, dado que el dinero proviene de la nada, es un regulador ideal de las relaciones humanas.


Queríamos aquí, en Pescara, con la Free International University y con todos aquellos vinculados a esta iniciativa, abrir una Fundación para el Renacimiento de la Agricultura, con un acto que se celebra prácticamente en este momento. Un acto fundador que se conecta con experiencias ya existentes de colectivos de trabajo presentes en Alemania, Escocia, Irlanda y Holanda, y que materializa en el interés global aquí, en este lugar (Pescara) geográfico e histórico, la idea de crear esta Fundación. Para alcanzar este fin ha sido necesario ofrecer esta idea un poco esquemática sobre cómo la economía puede desarrollarse según criterios y modos completamente diferentes.


Es necesario que las personas, especialmente aquellas dedicadas a la agricultura, tengan una perspectiva, una esperanza. Porque es un absurdo que estas, para satisfacer sus necesidades vitales, deban emigrar y dejar su tierra por un poco más de salario. Para evidenciar mejor esto basta con disociarse de todo lo que sucede actualmente a nivel político, de la agricultura en particular.


Se me ha pedido que llegue finalmente a la agricultura, pero pienso que esto es un malentendido, porque ya hace mucho que se está hablando de la agricultura. Es fácil decir unas pocas cosas interesantes a propósito de la agricultura, pero si no se ha presentado antes todo el marco económico parece solo una diversión privada, mientras que yo he querido crear un contexto con la cuestión global de las situaciones sociales y económicas. Considero interesante decir que no es correcto “consumirse” en contextos ideales. Ahora es el momento en que es necesario aplicar el fruto de los análisis anteriores. Solo así los seres humanos tendrán confianza en las ideas: cuando vean que pueden intervenir concretamente, por ejemplo, en el ámbito de la agricultura.


Se sabe que manipular las energías humanas significa tener que ver en gran parte con las energías psíquicas –por ejemplo, en la educación– y que este acto calca la técnica de la manipulación de las energías externas, como la electricidad. Pero se sabe también que todo esto parte de conceptos que, en el fondo, han demostrado hace mucho tiempo su discordancia.


Veamos entonces en la agricultura cómo opera un pensamiento materialista, científico, como el del actual sistema político con su organización unidimensional: tal pensamiento imagina lo que ocurre en la agricultura y en la planta como algo puramente mecánico. Es decir, en una concepción de los principios vitales reducidos al solo punto de vista mecánico. La propia planta aparece como una simple máquina a la que basta alimentar con algo para que crezca y dé de comer a las personas.


El principio del beneficio no ve otra cosa en el sistema capitalista, por lo que esta carrera por el lucro no busca más que la industrialización en el campo biológico para obtener también allí beneficios. Con un acto de manipulación semejante hacia los principios vitales de los animales, las plantas y la propia tierra, aparece con claridad la mineralización y esterilización total de la tierra en su totalidad.


Aquellos elementos que se producen químicamente son elementos degradados, y por mucho que el ser humano se haya emancipado respecto a una debilidad inicial frente a los venenos, ha terminado por degradar él también.


Una tecnología alternativa o un proceder alternativo en la agricultura son siempre cuestiones de energía, pero examinadas bajo otro punto de vista científico. En este, la planta, los animales y la tierra no se observan en términos mecánicos, sino que se ven los contextos energéticos en los que viven. En esta toma de conciencia, el ser humano “conquista” una visión para ver mejor; para identificar en su esencialidad estos elementos que constituyen las materias primas de la agricultura, elementos que se pueden localizar en la capa que le es inmediatamente más cercana en la tierra. Solo entonces se dará cuenta de que este ser vivo, que está constituido precisamente por esta capa vital, es mucho más delicado que el propio ser humano frente a las influencias químicas y físicas. Estos humanos “nuevos” encuentran interesante hablar, por ejemplo, con un viejo campesino que aún conserva la conciencia de que la verdadera alimentación de la planta no pasa por los productos químicos, sino que depende también de la disposición de la luna y de las constelaciones. Esto pone en evidencia que una vez existió un conocimiento de estas energías, una cultura que hoy debemos redescubrir para iniciar una época tecnológica que merezca tal adjetivo. En lugar de este concepto vigente hoy en la agricultura, que apunta a la explotación basada en un principio explosivo y mecanicista, se debe llegar a un principio implosivo que tenga en cuenta todas las energías, incluso aquellas que rodean a la planta en su extensión cósmica. Sólo entonces será posible inaugurar una época tecnológica que esté verdaderamente al servicio del ser humano.


La cuestión de la agricultura aparece, en el fondo, como una cuestión religiosa, porque una vez que ampliamos la mirada y vemos también las finalidades invisibles del ser humano, entonces vislumbramos también las finalidades invisibles de la planta, su ser dentro de un universo que la envuelve a nivel cósmico. Solo entonces el ser humano se dará cuenta de que el abono depende, en última instancia, de las estrellas y, por lo tanto, de una magnitud inmaterial. La época de una agricultura química con el único efecto de envenenar la tierra deberá terminar, de modo que pueda nacer algo que le permita a las personas vivir y no las obligue a morir.


Ahora, creo que es bueno responder a sus preguntas y profundizar en la discusión. Pero antes quiero añadir que lo que se ha dicho aquí es el resultado de investigaciones y reflexiones llevadas a cabo dentro de la Free International University, que queremos presentar hoy en Italia. Todos pueden llevarse un pequeño folleto gratuito en el que hemos resumido este marco teórico nuestro, con especial énfasis en los conceptos económicos y en el de dinero, que son, a su vez, el presupuesto para una buena iniciativa en el campo de la agricultura.


Añado que no hay que tomar este librito como un dogma, sino simplemente como el resultado de una investigación que quiere animar la discusión; no es un material en el que haya que creer, hay que examinarlo de modo muy crítico para proponer modificaciones oportunas y, por qué no, también mejoras.


El material se presenta, pues, en este llamado red paper, en este librito rojo, porque contiene un programa radical de revolución. En este librito rojo hemos descrito los resultados de una investigación que debe tomarse como una contribución alemana a esta problemática que involucra a toda Europa. Nos hemos basado en las condiciones existentes en la Alemania Federal. Es el intento de describir todo el pensamiento más avanzado y actualizado del momento.


Encontrarán allí también impresa la dirección de uno de los colectivos de trabajo de la FIU y también un número de cuenta bancaria, pero no debe haber malentendidos. Precisamente esta Fundación que hoy instauramos –Fundación para el Renacimiento de la Agricultura– es, subrayamos, para la agricultura italiana. Debe tener su centro en Pescara y todo el dinero que afluya y sea recaudado debe permanecer en Italia y no ir a Alemania.


Todavía quiero decirles un par de palabras para presentarles nuestra intención con este instituto. Como primera medida, no queremos hacer otra cosa que un inventario de las iniciativas ya existentes en Italia con referencia a los experimentos para una agricultura o para una tecnología alternativas. En este instituto, queremos recoger todo lo que esté vinculado a la regeneración de la agricultura, de modo que se mejore la comunicación y la cooperación entre las diversas iniciativas existentes en Italia. Para crear una verdadera red entre las personas y las iniciativas que conciernen a una agricultura alternativa. En principio, la idea es remitirse a lo que ya existe. Queremos recoger y elaborar todos los intentos de un cultivo biodinámico, las cuestiones de la ecología, del agua, etc.


En un segundo momento, iniciaremos una colaboración internacional entre las diversas experimentaciones desarrolladas en los diferentes países europeos, de modo que se cree una comunicación permanente con un carácter científico muy preciso. De tal manera que se comparen los diversos modelos en relación con su capacidad de alcanzar los fines prefijados y organizar simultáneamente, fuera de este campo pragmático, la batalla política. En un futuro, quizá lejano, todas las iniciativas podrán así ser impulsadas en un frente multinacional: iniciativas en el campo del urbanismo, de la pedagogía, del dinero, de la economía, etcétera; y además, como consecuencia, las cuestiones de la democracia, de las leyes.


Creo que es un instinto bastante razonable el que nos sugiere no descender solo hasta la base con nuestro trabajo, sino impulsarnos, incluso, por debajo de ella, para resolver las cuestiones profundas de las condiciones vitales del ser humano. Usando una frase de Goethe: «Se trata de un modo de proceder fenomenológico, trabajando sobre los fenómenos según las necesidades propias y del momento, sin dejarse dirigir por nada más que por el amor a la cosa».


Ahora sí creo que podemos iniciar la discusión.


Sería estupendo que se escucharan también las críticas o filosofías completamente diferentes, para medir, en un primer momento, la coherencia y la objetividad del asunto. Sería interesante si algún especialista del campo de la agricultura pueda intervenir o si algún joven quisiera dar su contribución alternativa.





 
 
 

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