• Buchwald

Richard Huelsenbeck: Manifiesto dadaísta, 1918



La ejecución y dirección de arte dependen de la época en la que viven, y los artistas son criaturas de su tiempo. El arte supremo será el que represente en el contenido de su conciencia los mil problemas de su época, el que reconozca que fue estremecido por las explosiones de la semana anterior, el que tenga que juntar una y otra vez sus partes después del golpe de los días anteriores. Los mejores y más desconocidos artistas serán aquellos que, hora tras hora, recuperen fragmentos de sus cuerpos del caos de las cataratas de la vida; los que, obstinados en el intelecto de la época, sangren de sus manos y corazones.


¿Acaso el expresionismo ha colmado nuestras expectativas de un arte que debería ser la medida de nuestros asuntos más vitales?

[¡No! ¡no! ¡no!]


¿Cumplieron los expresionistas con nuestras expectativas de un arte que nos marque con fuego la esencia de la vida en nuestra carne?

[¡No! ¡no! ¡no!]


Con el pretexto del mundo interior, los expresionistas en la literatura y la pintura se han unido para formar una generación que ya espera ansiosamente su reconocimiento literario e histórico-artístico y se postula para el honorable reconocimiento burgués. Con el pretexto de propagar el alma, en la lucha contra el naturalismo, encontraron el camino de regreso a los gestos abstractos y patéticos que exigen una vida sin contenido, cómoda y estancada. Los escenarios están llenos de reyes, poetas y naturalezas fáusticas de todo tipo. La teoría de una cosmovisión meliorista, cuyas formas infantiles y psicológicamente ingenuas deben ser tomadas en cuenta para una comprensión crítica del expresionismo, acechan a las mentes ociosas. El odio a la prensa, el odio a la publicidad, el odio a las sensaciones hablan de personas para las que un sillón es más importante que el ruido de la calle, y que hasta convierten en una virtud ser estafado por cualquier ratero. Esa resistencia sentimental a la época, que no es ni mejor ni peor, ni más reaccionaria ni más revolucionaria que las de otras épocas, esa pálida oposición que busca la oración y el pachuli –cuando no prefiere disparar con versos yámbicos áticos– son características de un juventud que nunca supo ser joven. En Alemania, el expresionismo, descubierto en el extranjero, se transformó –fiel a la costumbre– en un idilio fétido con la esperanza de una buena jubilación, y ya no tiene relación alguna con el esfuerzo de los hombres activos.


Quienes firman este manifiesto se han unido bajo el grito de batalla

[¡¡¡DADA !!!!]


para hacerle propaganda a un nuevo arte del que esperan la realización de nuevos ideales. Pero ¿qué es el dadaísmo?


La palabra “dada” simboliza la relación más primitiva con la realidad circundante. Con el dadaísmo surge una nueva realidad que asume sus derechos. La vida aparece como un torbellino simultáneo de ruidos, colores y ritmos espirituales, que dada incorpora sin complicaciones en su arte, con todos los gritos espectaculares y la fiebre de su audaz psique cotidiana en toda su brutal realidad. Esta es la marcada línea divisoria que separa el dadaísmo de todos los demás movimientos artísticos existentes hasta el momento y particularmente del FUTURISMO, que no hace mucho, ciertos imbéciles tomaron por una nueva versión de la realización impresionista. Al hacer pedazos todos los tópicos de la ética, la cultura y la interioridad, que sólo sirven para ocultar los músculos raquíticos, el dadaísmo ha dejado, por primera vez, de adoptar una posición estética frente a la vida.


El poema BRUITISTA


representa un tranvía como es, la esencia del tranvía con el jubilado Schulze que bosteza mientras los frenos chirrían.


El poema SIMULTANEISTA


muestra el sentido de la persecución loca y caótica de todas las cosas; mientras el señor Schulze lee, un tren en los Balcanes cruza el puente en Nish, un cerdo chilla en el sótano del carnicero Nuttke.


El poema ESTÁTICO


hace de las palabras individuos; a partir de las cuatro letras de “bosque” aparecen el bosque y las copas de sus árboles, los uniformes de los guardabosques y los jabalíes; quizá aparezcan también una pensión, Belleuve o Bella Vista. El dadaísmo conduce a nuevas posibilidades y formas de expresión en todas las artes. Ha hecho del cubismo una danza escénica y ha propagado en todos los países de Europa la música BRUITISTA de los futuristas (cuyo asunto puramente italiano no pretende generalizar). La palabra “Dada” señala también el internacionalismo del movimiento, que no está ligado a fronteras, religiones o profesiones. Dada es la expresión internacional de la época, la gran rebelión de los movimientos artísticos, el reflejo artístico de todas estas ofensivas, congresos por la paz, revueltas en el mercado de legumbres, cenas en la explanada, etc., etc.


Dada quiere el uso de

[nuevos materiales en la pintura.]


Dada es un CLUB, fundado en Berlín, al que puedes unirte sin asumir compromisos. En este club, todos son presidentes y todos pueden opinar sobre cuestiones artísticas. Dada no es un pretexto para la ambición de unos pocos literatos (como nuestros enemigos quieren que se crea). Dada es un estado de ánimo que puede revelarse en cualquier conversación, por lo que uno se ve obligado a decir: este hombre es un DADAÍSTA. No cualquiera lo es, por eso es que el Club Dada tiene miembros en todo el mundo, tanto en Honolulu como en Nueva Orleans y Meseritz. En determinadas circunstancias, ser dadaísta puede significar ser más un hombre de negocios, más un político que un artista –ser artista solo por accidente–, ser dadaísta significa dejarse arrastrar por las cosas, oponerse a toda sedimentación. Sentarse en una silla por un momento significa arriesgar la vida (el Mr. Wengs ya sacó el revólver del bolsillo de su pantalón). Un tejido se desgarra, uno dice que sí a una vida que busca avanzar diciendo que no. Decir-sí / decir-no: el poderoso abracadabra de la existencia enciende los nervios del verdadero dadaísta, ya sea agachado, cazando, andando en bicicleta, mitad Pantagruel, mitad San Francisco, riendo y riendo. ¡Abajo las actitudes estético-éticas! ¡Abajo la abstracción sin sangre del expresionismo! ¡Abajo las teorías para mejorar el mundo de los literatos cabezas huecas! ¡Arriba el dadaísmo en palabra e imagen, arriba la proliferación del suceso dadaísta en el mundo! ¡Estar en contra de este manifiesto es ser dadaísta!


Tristan Tzara. Franz Jung. George Grosz.

Marcel Janco. Richard Huelsenbeck. Gerhard Preiß.

Raoul Hausmann. Walter Mehring.

O. Lüthy. Fréderic Glauser. Hugo Ball.

Pierre Albert-Birot. Maria d’Arezzo. Gino Cantarelli.

Prampolini. R. van Rees. Madame van Rees.

Hans Arp. G. Thäuber. Andrée Morosini.

François Mombello-Pasquati.