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Ueli Hurter: Prólogo a la novena edición del Curso de agricultura

  • Foto del escritor: Buchwald
    Buchwald
  • 7 mar
  • 17 Min. de lectura

El centenario del Curso de agricultura, que tendrá lugar en 2024, fue el motivo para que la Sección de Agricultura del Goetheanum tomara la iniciativa de publicar una nueva edición. El editor, la administración del legado de Rudolf Steiner, prestó su colaboración y así, en un trabajo conjunto, se elaboró esta novena edición completamente revisada. El objetivo era poner a disposición una edición con una base de fuentes lo más limpia posible. Para ello, se estudió cuidadosamente la historia editorial previa, se transcribieron de nuevo los estenogramas existentes, se incorporaron hallazgos recientes de los archivos, se reorganizó la estructura del volumen y se renovó y amplió la sección de notas.


Casi 100 años después de que se impartiera el Curso de agricultura, puede decirse que de aquellos días (del 7 al 16 de junio de 1924 en Koberwitz, con unos 130 participantes) ha surgido un efecto poderoso. También hoy, el movimiento biodinámico nacido allí atraviesa un crecimiento muy favorable. Al sostener el volumen 327 de las obras completas de Steiner en las manos, surge la pregunta: ¿Cómo es posible? El cuerpo de texto, compuesto por ocho conferencias, cuatro sesiones de respuestas a preguntas y textos complementarios, es exteriormente modesto en relación a su impacto en el tiempo. Una cosa es el contenido y otra es el ductus en el que habla Rudolf Steiner. Este se caracteriza, entre otras cosas, por el hecho de que él entreteje ideas generales de la ciencia espiritual antroposófica con consideraciones prácticas para el trabajo en el campo y el establo. Él mismo caracteriza este estilo en el discurso que da a los jóvenes el 17 de junio:


Deshalb habe ich in diesem Kursus versucht, ich möchte sagen, aus dem tatsächlichen Erleben heraus die Worte zu finden. Es kann heute nicht anders der Geist gefunden werden, als wenn man auch wiederum die Möglichkeit findet, in naturgegebene Worte ihn zu kleiden; damit werden auch die Empfindungen wieder stark werden.


[Por eso he intentado en este curso, yo diría, encontrar las palabras a partir de la vivencia real. Hoy no se puede hallar el espíritu de otra manera que no sea reencontrando la posibilidad de vestirlo con palabras dadas por la naturaleza; con ello, los sentimientos volverán a ser fuertes.]


Rudolf Steiner no dictó cátedra por encima de las cabezas, sino que habló a los corazones y las manos de los agricultores. Esa experiencia sigue estando vigente al acercarse al Curso de agricultura. En el movimiento biodinámico, para esa sensación, ha surgido la expresión “el impulso de Koberwitz”. Un impulso llega más profundo que un curso de enseñanza: apela a la voluntad. En consecuencia, desde la distancia histórica de casi 100 años, se puede decir: el Curso de agricultura representa un impulso cultural en el ámbito de la agricultura nacido de la Antroposofía.


En este prólogo se abordará, mediante unos pocos ejemplos, el contenido de la primera parte del presente volumen. En segundo lugar, a través de la fundación del Círculo de Experimentación –que en esta nueva edición se valora como parte esencial del Curso de agricultura–, se tratará la relación entre investigación y práctica que allí se manifiesta. En tercer lugar, se intentará esbozar una breve historia del impacto del Curso de agricultura.


Las sustancias como portadoras del espíritu: nitrógeno y sílice


El Curso de agricultura contiene un conocimiento único de las sustancias. Ya en la primera conferencia se introducen la sílice y la cal en su polaridad. Son las representantes materiales de las fuerzas superiores e inferiores entre las que se desarrolla la vida agrícola. La tercera conferencia trata esencialmente de las sustancias que forman la proteína como sustancia vital. Rudolf Steiner detalla el nitrógeno, el azufre, el carbono, el oxígeno y el hidrógeno, y describe su interacción. Con ello, está totalmente en sintonía con sus oyentes, quienes, como agricultores formados, disponían del conocimiento agroquímico de su época. Sin embargo, describe estas sustancias como personalidades, cada una con su tarea en la economía de la naturaleza, y explica cómo interactúan. Así, por ejemplo, el nitrógeno se caracteriza por ser el “transportador” de la vida (oxígeno) hacia las configuraciones en lo orgánico (carbono). En este proceso, el nitrógeno actúa desde una fina sensibilidad para todos los matices del acontecer vital en el organismo agrícola. Se lo describe como un tipo inteligente y sensible que sabe dónde actúan las fuerzas en la vida de la agricultura. El agricultor puede acercarse al nitrógeno, aprender de él y abrirse a su conocimiento relacional vinculándose con su agricultura de forma vivencial e interna, meditativa.


En la forma en que se describen las sustancias como portadoras de espíritu en la tercera conferencia, la cal aparece como el “tipo codicioso” que quiere arrebatarlo todo para sí, y la sílice como el “caballero distinguido” que no quiere nada para sí mismo. La sustancia cristalina de sílice en los minerales y rocas ni siquiera es lo decisivo, sino que lo silíceo está omnipresente en la naturaleza en una fina distribución homeopática. Y en esta forma es totalmente modesto. Rudolf Steiner utiliza como comparación nuestros órganos de los sentidos, que no se perciben a sí mismos, sino que están abiertos al mundo de forma altruista. “Das Kieselige ist der allgemeine äussere Sinn im Irdischen [Lo silíceo es el sentido externo general en lo terrestre]. A partir de esta caracterización más contemplativa de la sílice, al final de la cuarta conferencia, se pasa a la actividad práctica con el preparado de sílice. Luego del preparado de estiércol en cuerno [Hornmistpräparat], Steiner explica de forma muy breve cómo se elabora y aplica el preparado de sílice. Sobre su efecto, se limita a decir: 


… wie der Kuhhornmist von unten heraufstösst, das andere von oben zieht, weder zu schwach, noch zu stark zieht


[así como el estiércol de vaca empuja desde abajo, el otro atrae desde arriba, sin atraer ni muy débil ni muy fuertemente.]


Es asombroso el lugar central que Steiner asigna a la sílice. Ni antes ni después de él, la sílice ha sido considerada relevante en la agronomía general. Sin embargo, la sílice –es decir, el silicio– se ha vuelto muy importante en otros ámbitos en las últimas décadas, concretamente en la industria de los semiconductores. La tecnología informática y, en general, la inteligencia artificial se basan materialmente, junto con la electricidad, en el silicio como materia prima. En la medida en que la inteligencia necesita un portador físico, el silicio es muy adecuado para esa función. Rudolf Steiner obtuvo este hallazgo con su investigación espiritual de la naturaleza. La sílice no es una sustancia vital, sino una sustancia de conciencia. Lo que se puede denominar conciencia externa o inteligencia cósmica en el macrocosmos –especialmente lo que emana de los planetas situados por encima del Sol– es reflejado por la sílice y actúa de forma configuradora sobre la vida, aunque no participe directamente en los procesos biológico fisiológicos. Con este ejemplo, puede verse claramente lo que rige en toda la biodinámica: las sustancias y materias son importantes precisamente desde el punto de vista espiritual, pues las fuerzas espirituales o cósmicas sólo pueden actuar en lo terrestre a través de las materias. Estas son portadoras de fuerzas vitales, de fuerzas de sentimiento y de fuerzas de conciencia.


Sobre los preparados 


Los preparados pueden definirse como el núcleo de la biodinámica. Incluso ocupan un lugar central en el Curso de agricultura, en las conferencias cuarta y quinta. Se basan en el amplio y profundo conocimiento de la naturaleza de las primeras conferencias, en las que, bajo el aspecto de “¿qué es cósmico?, ¿qué es terrestre?”, se enseña una mirada agrícola hacia la naturaleza. Y, al mismo tiempo, constituyen una agricultura puramente práctica: son directamente accesibles para la persona activa en la horticultura y la agricultura. La comprensión sigue a la acción más de lo que la precede. Rudolf Steiner no proporcionó conscientemente una especie de acceso teórico a los preparados. Lo expresa así:


…um daraus dann die wirklich praktischen Schlüsse zu ziehen, die in der unmittelbaren Anwendung eben verwirklicht werden sollen und nur in dieser unmittelbaren Anwendung ihre Bedeutung haben.


[... para, luego, extraer las conclusiones realmente prácticas que deben cumplirse en la aplicación inmediata y que solo en esa aplicación inmediata tienen su significado.]


Se puede vivir con los preparados de forma artesanal, artística, científica o meditativa. La elaboración artesanal de los preparados no es un secreto; el conocimiento se transmite activamente a través de cursos. Sin los preparados fabricados por las personas, estos no existirían, pues no se dan en la naturaleza. Son creaciones culturales. Al actuar con las propias manos, uno se vuelve directamente cocreador.


En la aplicación puede entrar en juego un elemento artístico cuando se fija el momento de uso con una sensibilidad casi musical, ya sea en relación con el desarrollo de las plantas, el curso de las estaciones o las constelaciones estelares. Científicamente, se puede hallar la eficacia de los preparados mediante ensayos comparativos simples o complejos. El trato interno con los preparados puede ser un camino desde la mirada de la cosificación terrestre hacia una intuición de las capacidades que se despiertan a través de ellos en todo el acontecer vital de la agricultura.


Aunque tienen su significado en su aplicación inmediata, el sentido de los preparados no tiene por qué limitarse al beneficio agrícola. Si se trabaja con los preparados en un lugar durante años, puede llegarse a la experiencia de que la agricultura o el jardín sintonizan cada vez más con las grandes relaciones de toda la Tierra. En esta experiencia, se puede plantear la pregunta sobre qué significado tienen los preparados para el desarrollo de toda la naturaleza terrestre. ¿No son también eficaces y favorables para la Tierra como ser vivo en su evolución? En “¿Qué es, en realidad, la Tierra en el macrocosmos?”, de Rudolf Steiner (en: Rudolf Steiner. Máximas Antroposóficas, GA 26), se pueden encontrar elementos para una respuesta a esa pregunta. Es un texto que redactó por escrito unos meses después del Curso de agricultura. Allí se describe cómo el macrocosmos, inicialmente lleno de vida, murió gradualmente para que el ser humano pudiera alcanzar el pensamiento claro y la autoconciencia. La Tierra es ahora, como la semilla, el producto final de este desarrollo. Pero, al mismo tiempo, es también semilla para el futuro. Como semilla del futuro, ya ha comenzado a germinar. Steiner describe que un excedente de fuerzas germinales del reino vegetal fluye hacia una configuración futura del cosmos. Estas fuerzas germinales provenientes de las plantas estarían formadas por fuerzas excedentes del reino animal y situadas correctamente por fuerzas excedentes del reino mineral. Así está surgiendo un nuevo macrocosmos. El ser humano puede participar en él no solo con su pensamiento, sino con su voluntad. Esta descripción puede verse como una gran visión sobre el futuro de la Tierra en relación con los preparados del Curso de agricultura.


Pensar y abonar: sobre la cuestión de la alimentación


La cuestión de la alimentación recorre todo el Curso de agricultura. Para Rudolf Steiner está claro: la agricultura se practica para producir alimentos. Como productor, el agricultor es responsable de la calidad de los productos que genera. La expresión de la preocupación por la degeneración de la calidad de los productos fue una de las razones por las que se llegó al Curso de agricultura. Sin embargo, la fisiología de la nutrición en sentido clásico no es el objeto del curso. El punto de vista bajo el cual la cuestión alimentaria resuena implícitamente en todas las conferencias es más amplio: ¿Cómo deben dirigirse los procesos de vida y maduración en la agricultura para que los alimentos resultantes den al ser humano que los consume la base para su vida físico anímica?


Se rechaza el abono artificial porque 


die mineralischen Dungarten gerade diejenigen sind, die zu […] diesem schlechter werden der landwirtschaftlichen Produkte das Wesentliche beitragen.


[los tipos de abono mineral son precisamente los que más contribuyen a [...] este empeoramiento de los productos agrícolas.] 


En consecuencia, Rudolf Steiner desarrolla en el curso un tipo de abono diferente. La cuarta conferencia culmina, tras una amplia exposición sobre el compostaje, con la introducción de los preparados de estiércol en cuerno y de sílice. Este nuevo tipo de abono se fundamenta en la calidad del alimento resultante: 

Das Wichtigste ist, wenn die Dinge an den Menschen herankommen, dass sie seinem Dasein am allergedeihlichsten sind. Sie können ja irgendwelche Frucht ziehen, die glänzend aussieht, auf dem Felde oder im Obstgarten, aber sie ist vielleicht für den Menschen nur magenfüllend, nicht eigentlich sein inneres Dasein organisch befördernd. […] Es wird sogar überall bei der Betrachtung von dem Menschen ausgegangen, der Mensch wird zur Grundlage gemacht.


[Lo más importante, cuando las cosas llegan al ser humano, es que sean lo más favorables posible para su existencia. Usted puede cultivar cualquier fruto que luzca brillante en el campo o en el huerto, pero tal vez para el humano solo sirva para llenar el estómago, sin promover realmente su existencia interior de forma orgánica. (...) En todo momento, las consideraciones parten del ser humano; el ser humano se toma como base.]


La última frase también puede leerse desde un punto de vista que no apunta directamente a la alimentación, sino que sitúa al ser humano como base para la observación y organización de una agricultura biodinámica. De hecho, la agricultura se describe como una “individualidad” con una “potencialidad del Yo”, utilizando términos que no provienen de las ciencias naturales, sino de las ciencias del espíritu o la cultura. En la octava conferencia, el proceso digestivo se describe de tal modo que la comida ingerida en el estómago conforma sustancialmente, de forma especial, el cerebro: Die Hirnmasse ist einfach zu Ende geführte Darmmasse. [La masa cerebral es simplemente masa intestinal llevada a su término]. Rudolf Steiner es muy consciente de que esto suena grotesco, pero para él es nada más que un hecho. Curiosamente, hoy en día la investigación actual confirma esta situación: el bioma de nuestro tracto digestivo influye de forma determinante en la constitución de la sustancia cerebral y nerviosa. En consecuencia, las funciones neurofisiológicas quedan marcadas como base de nuestro pensar, sentir y querer.


El cerebro, según Steiner, es la sede del Yo; también podría decirse, de la autoconciencia. Y, en el ser humano, está plenamente desarrollada. Esto es posible porque en el cerebro humano se da la base material para ello, extrayendo todo de la sustancia alimenticia. Ahora bien, el animal también come, digiere y tiene cerebro, pero no tiene autoconciencia, al menos no en la medida del ser humano. El potencial de su Yo, su “potencialidad del Yo”, permanece en la sustancia de la digestión y esta se convierte en abono. El abono, como potencialidad del Yo, llega a la raíz de la planta, que es el polo cefálico de la misma. Dado que, en el organismo agrícola cerrado, el forraje proviene de la propia finca y el abono se utiliza de nuevo en ella, se produce un “encuentro con uno mismo” que se repite anualmente; la agricultura “despierta” a su propio Yo y puede ser tratada como una individualidad. Es como un ser humano exterior que incluye a toda la naturaleza. En este sentido, “el ser humano se toma como base”. El alimento producido en tal contexto es el adecuado para el ser humano moderno.


Desde la perspectiva actual, podemos decir que a Rudolf Steiner no le interesaba, en lo más mínimo, una especie de doctrina de la salud. Pero de la constatación de que, por un lado, las fuerzas vitales naturales de la tierra están disminuyendo y, por otro, el ser humano moderno se individualiza cada vez más, surge la convicción de que 


… aus dem Geiste heraus Kräfte geholt werden müssen, die heute ganz unbekannt sind, und die nicht nur die Bedeutung haben, dass etwa die Landwirtschaft ein bisschen verbessert wird, sondern die die Bedeutung haben, dass überhaupt das Leben der Menschen – der Mensch muss ja von dem leben was die Erde trägt –, eben weitergehen könne auf Erden auch im physischen Sinne.


[… deben extraerse del espíritu fuerzas que hoy son totalmente desconocidas y que no tienen solamente la función de mejorar un poco la agricultura, sino el significado de que, en general, la vida de las personas –pues el ser humano debe vivir de lo que la tierra produce– pueda continuar en la Tierra también en sentido físico.]


Investigación espiritual y práctica


El hecho de que el Curso de agricultura se haya convertido en un impulso poderoso se debe, en gran medida, a la fundación, llevada a cabo directamente en Koberwitz, del “Círculo de Experimentación Agronómica de Agricultores Antroposóficos”. La fundación fue difícil porque hubo conflictos. Los documentos que ahora se publican como parte dos de esta edición arrojan luz sobre esa situación. Ernst Stegemann, que cultivaba un enfoque más interno y esotérico, y el conde Carl von Keyserlingk, más comprometido con una racionalidad económica, no lograban entenderse. Un tercer grupo de personas jóvenes (los hermanos Hellmuth y Erhard Bartsch, Almar von Wistinghausen, Franz Dreidax e Immanuel Vögele) se interesaba sobre todo por obtener indicaciones prácticas para el trabajo diario. A pesar de estas diferencias, se procedió a la fundación del círculo común. Con ello se lograron tres cosas: primero, se alcanzó una unión formal que permitió actuar como organización y movimiento; segundo, se pudo iniciar el trabajo práctico inmediatamente después del curso; y tercero, el Círculo de Experimentación se constituyó como un socio independiente frente a la Escuela Superior del Goetheanum.


De esta colaboración trata el discurso del 11 de junio tras la fundación del Círculo. El conde Keyserlingk, como portavoz de los agricultores, sugería que los “campesinos ignorantes” solo ejecutaran lo que les dijeran los “sabios directores de sección” de la Escuela en Dornach. Rudolf Steiner no estuvo de acuerdo en absoluto: “Desde el principio necesitaremos colaboradores activos, muy activos, no meros órganos de ejecución”. Steiner expone entonces su profundo respeto por el saber campesino, porque penetra profundamente en las condiciones cósmico terrestres concretas del lugar donde el campesino trabaja. Por el contrario, la ciencia corre el riesgo de generar un conocimiento abstracto y muerto. El énfasis en este tipo de conocimiento y de investigación práctica para una labor fructífera basada en “indicaciones de la ciencia espiritual para la prosperidad de la agricultura” es algo genuino de la agricultura biodinámica. No se trata de una teoría que solo deba aplicarse, sino que es la ejecución en la práctica –en la situación existencial del curso del año y en las condiciones económicas, sociales y culturales del lugar– lo que permite comprender, paso a paso, lo dicho en el Curso de agricultura.


Steiner incluso llega a desear el saber campesino para Dornach: 


Wir müssen sozusagen schon zusammenwachsen, und in Dornach muss soviel Bäuerliches walten als nur trotz der Wissenschaftlichkeit walten kann. Und das, was von Dornach als Wissenschaft ausgeht, muss so sein, dass es einleuchtet dem konservativsten Bauernkopf.


[Debemos, por así decirlo, crecer juntos, y en Dornach debe imperar lo campesino tanto como sea posible a pesar del carácter científico. Y lo que surja de Dornach como ciencia debe ser tal que resulte evidente para la cabeza del campesino más conservador.]


Al desvincular esta actitud de su situación histórica, se reconoce lo moderna que resulta, ya que la cuestión de cómo colaboran el científico y el profesional en la agricultura es de gran actualidad. A menudo existe una tensión: los nuevos conocimientos (por ejemplo, sobre nexos ecológicos) no llegan a la práctica, los agricultores no quieren ser aleccionados y siguen como siempre; o bien, lo que los prácticos saben por su actividad no es considerado por los científicos como conocimiento “verdadero”. Para los desafíos actuales del sector agroalimentario, el reconocimiento mutuo y el fomento conjunto de la práctica y la ciencia son indispensables. Desarrollar de forma más sistemática esta combinación de práctica e investigación es un desafío para el movimiento biodinámico.


Historia del impacto del Curso de agricultura y mirada al futuro


El Círculo de Experimentación comenzó su labor inmediatamente después del curso de Koberwitz, y así surgió rápidamente una red de personas y agriculturas que trabajaron de forma práctica, mediante asesoramiento y también con ensayos comparativos simples, con las indicaciones del curso. Hubo un intercambio fluido con la Sección de Ciencias Naturales del Goetheanum, cuyo director, Guenther Wachsmuth, pudo poner a disposición el Curso de agricultura como libro impreso ya en 1924 (a partir de los estenogramas de Kurt Walther). Entre los líderes del movimiento, surgió el nombre “biológico dinámico” como un compromiso o combinación de dos visiones que querían resaltar más lo “biológico” o lo “dinámico”.


Ya en 1928 se registró la marca Demeter para identificar los productos de las fincas biodinámicas para la clientela urbana. En la década de 1930, Erhard Bartsch se convirtió en una figura influyente. Tras la llegada al poder de los nacionalsocialistas en 1933, él y sus colaboradores buscaron cooperar con las autoridades en un esfuerzo por mantener vivo el joven impulso biodinámico; finalmente, en 1941, todas las organizaciones biodinámicas fueron prohibidas.


También en otros países pioneros aparecieron pronto las primeras agriculturas que aplicaban el método biodinámico. Cabe mencionar: Loverendale en Holanda (1926), el Oswaldhof en Suiza (1930) y el Wurzerhof en Austria (1926). En otros países como Noruega, Inglaterra y Estados Unidos, surgió en la década de 1930 un movimiento biodinámico pionero impulsado por carismáticos asesores.

Tras la Segunda Guerra Mundial, el trabajo tuvo que reconstruirse. El núcleo principal pasó a ser la explotación familiar campesina. En la década de 1970, surgió en muchos países de Europa una generación de granjas fundadas por jóvenes idealistas. No procedían del campo, sino de la ciudad; a menudo, la buena práctica agrícola tuvo que aprenderse a través de muchos errores. A cambio, en estas agriculturas, no pesaban las cadenas sociales de la agricultura tradicional y, en las comunidades rurales y alrededor de las granjas, surgieron múltiples formas sociales nuevas. En una tercera ola, que está en marcha actualmente, son sobre todo explotaciones altamente especializadas –principalmente de viticultura, fruticultura y horticultura– las que integran medidas biodinámicas en su práctica. El fuerte desarrollo en la viticultura está impulsado por la calidad, ya que en las catas obligatorias los vinos biodinámicos suelen obtener muy buenos resultados. Algo similar ocurre con el emergente cultivo de café y té. En otros cultivos especializados, como hortalizas, frutas y, actualmente, sobre todo, la banana, la demanda del mercado de productos Demeter es un factor determinante para la reconversión. Junto a esto, existen también miles de pequeñas agriculturas, especialmente en la India, que reciben orientación biodinámica en proyectos comunitarios, logrando así una mejor calidad de vida para toda la familia. Cabe mencionar también el cultivo de algodón biodinámico en Egipto, India y Tanzania, donde se ha logrado dar vida a cadenas de valor complejas, desde la semilla y el cultivo hasta la confección de prendas terminadas. El movimiento biodinámico es hoy totalmente internacional; existen actividades biodinámicas en todos los ámbitos culturales y en todas las zonas climáticas. Todo tipo de explotación, sea grande o pequeña, pobre o rica, mixta o especializada, certificada o no, es bienvenida y contribuye a la riqueza del movimiento mundial. De forma general, se puede decir que el impulso biodinámico es universal, con la particularidad de que su principio central es la individualización de la agricultura.


Sin embargo, el movimiento surgido del Curso de agricultura no se limitó a las explotaciones agrícolas, sino que han surgido múltiples iniciativas científicas, jurídicas y económicas. El Instituto de investigación del Goetheanum, bajo la dirección de Guenther Wachsmuth y Ehrenfried Pfeiffer, puede considerarse el primer instituto de investigación para la agricultura ecológica. También en otros países se establecieron actividades de investigación intensas. En la década de 1970, se escribieron las primeras tesis doctorales sobre temas biodinámicos. Como ejemplo de los numerosos ensayos, cabe mencionar el DOK-Versuch. Se trata de un ensayo a largo plazo en Suiza donde se comparan los tres sistemas agronómicos: Dinámico, Orgánico y Convencional. Tras 40 años de ensayos, está claro que el sistema biodinámico lidera en los parámetros de sostenibilidad y en el balance climático.


En el ámbito jurídico, se desarrollaron e introdujeron nuevas formas de propiedad de la tierra, un área en la que se colabora intensamente con círculos de la Antroposofía comprometidos con las ciencias sociales. También en el desarrollo del mercado de productos ecológicos, impulsado fuertemente desde círculos Demeter, la idea inspiradora fue la economía asociativa tal como la presentó Rudolf Steiner. Al fin y al cabo, hoy, en algunos países, la cuota ecológica en el mercado alimentario ronda el diez por ciento. También el movimiento CSA (Community Supported Agriculture), en el que los clientes forman una agricultura de responsabilidad compartida para la finca, tiene sus raíces en el movimiento que partió del Curso de agricultura en Koberwitz. Esto se aplica también al amplio movimiento ecologista, que recibió un fuerte impulso en 1962 por el libro Silent Spring de Rachel Carson en Estados Unidos, para el cual ella recibió sugerencias esenciales del Curso de agricultura a través de su amiga Marjorie Spock, jardinera biodinámica y euritmista. En el amplio abanico de áreas de acción que pertenecen al impulso biodinámico, se encuentran también el fitomejoramiento independiente, un enfoque de medicina veterinaria, muchas formas de trabajo sociopedagógico inclusivo, labor de presión política (lobbying), diversas iniciativas de formación y una red de trabajo mundial. Este rico movimiento es como una confirmación de la observación de Rudolf Steiner en el Curso de agricultura sobre 


…wie die Interessen der Landwirtschaft nach allen Seiten hin mit dem grössten Umkreise des menschlichen Lebens verwachsen sind und wie eigentlich es kaum ein Gebiet des Lebens gibt, das nicht zur Landwirtschaft gehört. Von irgendeiner Seite, aus irgendeiner Ecke gehören alle Interessen des menschlichen Lebens in die Landwirtschaft hinein.


[…cómo los intereses de la agricultura están entrelazados en todas partes con el círculo más amplio de la vida humana y cómo, en realidad, apenas hay un ámbito de la vida que no pertenezca a la agricultura. Desde cualquier lado, desde cualquier rincón, todos los intereses de la vida humana confluyen en la agricultura.]


De manera impresionante, en el discurso a los jóvenes de la mañana del 17 de junio de 1924 –tras la conclusión del Curso de agricultura e impreso en forma abreviada en el apéndice del presente volumen–, Rudolf Steiner habla al corazón de la generación venidera. Valida plenamente su anhelo de querer sumergirse con un sentimiento profundo en la naturaleza. Pero también dice que la Tierra necesita un compromiso valiente de personas activas. Habla metafóricamente de la espada del arcángel Miguel, que debe buscarse y encontrarse bajo la tierra. 


Haben Sie das starke und zugleich bescheidene Selbstvertrauen als junge Menschen, ihre Erdenaufgabe zu ergreifen, für ihre eigene Biografie, aber auch für das Leben der Erde.


[Tengan la firme y a la vez humilde confianza en sí mismos, como jóvenes, para asumir su tarea terrenal, para su propia biografía, pero también para la vida de la Tierra.]


Desde hace casi 100 años, varias generaciones de jóvenes han seguido aquella premisa. Y no hay razón para suponer que la actual vaya a ser la última generación joven que se sienta inspirada en lo más profundo de su corazón por el Curso de agricultura para un compromiso vital. Y a esta actual, pueden seguirle muchas más: la fuerza del Curso de agricultura no está agotada; por el contrario, exige y permite, una y otra vez, un nuevo acceso. Nuevas generaciones de jóvenes en todos los continentes se dejarán estimular por esta fuente y ayudarán a impulsar la agricultura del futuro.

 
 
 

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