• Buchwald

Ivan Goll: El expresionismo muere

Lo que en todos lados se rumorea, se recibe con sorna y sospecha es un hecho: una corriente artística vuelve a morir por la influencia del tiempo, que finalmente la traiciona. Es irrelevante quien tiene la culpa: si la corriente artística o el tiempo mismo. Si quisiéramos ser críticos, podríamos demostrar sin problemas que el expresionismo muere por aquella picardía revolucionaria cuya Pitia materna pretendía ser.


Y esto explica por qué el expresionismo (1910-1920) no fue una forma artística más, sino el nombre de un credo; mucho más el sentido de una cosmovisión que el objeto de una necesidad artística.


Ludwig Rubiner: Der Maler greift in die Politik [El pintor mete las manos en la política] (Die Aktion, 1912). En sus palabras: “Nuestro clamor está dirigido al futuro y trasciende todas las naciones: L'homme pour l'homme en lugar de l'art pour l'art”. (Zeit-Echo, mayo 1917).


Kasimir Edschmid: “Ningún programa estilístico. Una cuestión de espíritu. Un asunto de toda la humanidad”. (Neue Rundschau, marzo 1918).


Hasenclever: “El escenario se convierte en expresión, no en juego”. “Escenario para el arte, la política y la filosofía”. (Schaubühne, mayo 1916).


Es decir:

Exigencia. Manifiesto. Llamado. Acusación. Evocación. Éxtasis. Lucha. El ser humano clama. Nosotros somos. Mutuamente. Pathos.


¿Quién no participó? Todos lo hicieron. Yo participé: “Nuevo Orfeo”. No había un solo expresionista reaccionario. No había uno que no estuviera en contra de la guerra. No había uno que no creyera en la hermandad y la colectividad. También en la conclusión: “credo”.


Y el expresionismo fue una linda, buena, gran cosa. Solidaridad entre los espíritus. Marcha de los bienintencionados.


Desafortunadamente, y no por culpa de los expresionistas, el resultado es la República Alemana de 1920. Letrero. Pausa. Por favor, salir por la derecha. El expresionista abre la boca… y simplemente vuelve a cerrarla. El arma –es decir, la tuba– cae de las manos de los profetas meidnerianos [Ludwig Meidner] paneuropeos. El mismo que –con tanta seriedad– alzó los brazos al cielo en un gesto de indignación, ahora lo hace por una razón distinta. Browning es mejor petardo.


Así es, queridos hermanos y hermanas expresionistas, hoy el peligro es tomarse la vida demasiado en serio. La lucha se ha convertido en una sátira grotesca. Fantasma en esta ridícula época de especuladores. El “intelectual” que eleva su credo hasta el bolchevismo debe hacerse pequeño, muy pequeño ante las masas, probablemente también necesite ponerse una máscara de estupidez ante su rostro judío para que las piedras no le revienten los dientes. Amarga, muy amarga se vuelve la boca extática.


Con una reverencia desesperanzada, el buen “hombre” entra en escena. La vida, la máquina, la naturaleza siguen teniendo razón más allá del bien y del mal. La hermosa fuerza que, como primero de los modernos, Alexander Blok le dedicó a los escitas. El hombre prehistórico, con la oscura sangre del siglo y los ojos siniestros, emerge de las selvas del Ecuador y de las estepas del polo: es portador de secretos de la luna y el sol. Baila sobre los meridianos del globo.


“Movilización de la hermandad”, oh, expresionistas ¡qué sentimentalismo! Qué pomposa es tu humanidad.

La pura vida es mejor, es decir: más verdadera que vos. Prueba: tu cosmovisión no ha triunfado en ninguna parte. No le salvaste la vida ni a uno de los dieciséis millones. El ser humano es bueno: una oración. “Quizá en mil años”.


Pero una nueva fuerza parece invadirnos: el cerebro-máquina. La grúa de los tiempos nos agarra por el cuello y nos lleva al otro lado. Nos tiramos de los pelos: Dios mío, qué ritmo retumba en la tierra. ¿Por qué vagabundear en el cielo? El cielo también es tierra, lo sabe el aviador. “El cielo también es tierra” es algo que los negros y los primitivos saben hace mucho. Después de todo, quizás tenga razón. Todos los gringos dicen “yes”. Alemanes, al diablo con el sentimentalismo, que, para mí, es sinónimo de: ustedes, expresionistas. Porque apostemos: ¿es Ludendorff al final también un expresionista?


En Francia, donde vivo, nadie se puso sentimental durante toda la guerra. (Tres pusilánimes que apenas cuentan). Detrás de los Urales, detrás de los Balcanes, detrás de todos los océanos, nuevos países expresan su voluntad de vivir, de energía. Países jóvenes. Gente joven. Tu primera palabra para nosotros es eléctrica.


En Zenit 1, 1921, nro. 8, octubre, pp. 8-9.



Ivan Goll. Surréalisme: Manifeste du surréalisme, Volume 1, Number 1, 1 de octubre, 1924