Gottfried Benn: Morgue, poemas
- Buchwald
- 6 jun 2023
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 23 jun 2023
PEQUEÑA FLOR
Un camionero ahogado se abalanzó sobre la mesa.
Un cualquiera le encaja una flor violeta entre los dientes.
Cuando hice la incisión desde el pecho
con un cuchillo alargado
bajo la piel
para cortar lengua y encÃas,
debo haberla tocado, porque resbaló
y se cayó a un costado, sobre el cerebro.
Mientras lo cosÃan, se la puse en la cavidad torácica, entre la viruta de madera.
¡Chupá hasta saciarte en tu jarrón!
Descansá en paz
¡Pequeña for!
HERMOSA JUVENTUD
La boca de una chica, que estuvo tirada en un juncal por mucho tiempo,
estaba demasiado mordisqueada.
Cuando le abrieron el pecho, su esófago estaba llenÃsimo de agujeros.
Finalmente, en un espacio bajo el diafragma,
encontraron un nido de ratas jóvenes. Una de las hermanitas estaba muerta.
Las otras vivÃan de los riñones y el hÃgado, bebÃan la sangre frÃa
y ahà habÃan pasado una hermosa juventud.
Y asà de hermosa y rápida fue su muerte:
Las arrojaron al agua a todas.
¡Ah, cómo chillaban esos pequeños hocicos!
CICLO
La solitaria muela de una prostituta
que habÃa muerto y nadia conocÃa
llevaba un empaste de oro.
El resto se habÃa caÃdo, como en tácito acuerdo.
El patólogo la sacó a golpes,
se la implantó y se fue a bailar.
Y es que, dijo,
solo la tierra debe volver a la tierra.
LA NOVIA DEL NEGRO
Entonces sobre la almohada de sangre negra reposa
la rubia nuca de una mujer blanca.
El sol bramaba en su cabello
y lamÃa largos los resplandecientes muslos
y se arrodillaba junto a sus senos amarronados
aún no deformados por lastres y partos.
Junto a ella, un negro: una patada de caballo habÃa mutilado
sus ojos y frente. Perforaba
dos dedos de su sucio pie izquierdo
en el interior de su pequeña oreja blanca.
Pero ella dormÃa como una novia:
al lÃmite de la felicidad por el primer amor
y como antes de que comiencen las ascensiones
de la sangre joven y cálida.
Hasta que
le hundieron el cuchillo en la blanca garganta
y le echaron un delantal púrpura de sangre muerta
alrededor de las caderas.
REQUIEM
Dos por mesa. Hombres y mujeres
en cruz. Cuerpos amontonados, sin ropa, pero sin pena.
El cráneo, el pecho abierto. AsÃ
los cuerpos parieron por última vez.
Cada uno tres cuencos llenos: de cerebro a ovarios.
Y el templo de Dios y la inmundicia del diablo,
ahora, pegados pecho con pecho, en el tacho
se rÃen del Calvario y el pecado.
El resto en cajas. Nada más que seres nuevos:
piernas de hombre, pechos de niño y cabellos de mujer.
Vi a dos, alguna vez en libertinaje,
como salidos del mismo útero, ahà yacen.
