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  • Buchwald

Oskar Schlemmer: Diarios

Noviembre 1922


Reflexión sobre el arte, sobre lo que me es más propio [ureigentümlich], por lo que desde siempre me he esforzado y perseguido y que, por lo tanto, es inimitable.


No puedo querer unas artes aplicadas [Kunstgewerbe] que sólo sean el producto de la dilución de ideas resumidas.

No puedo querer pintar casas.

No puedo querer construir casas, a menos que la ideal, que derivaría de mis obras, sea su prefiguración.

No puedo querer aquello que la industria ya hace mejor, aquello que los ingenieros ya hacen mejor. Lo que queda es lo metafísico: el arte.



Julio/agosto 1923


Principio de composición para la renovación pictórica-plástica de los talleres en el edificio de la Bauhaus en Weimar


La composición de los interiores es de van de Velde, cuyas sobrias paredes blancas eran, por lo menos, paredes de las cuales una generación de jóvenes pintores esperaba con vehemencia la redención de la estéril pintura de caballete.


La tarea que nosotros mismos nos propusimos con la renovación pictórica-plástica de este espacio provino del deseo de, finalmente, poder poner en práctica ideas y proyectos hace mucho concebidos y cuidados. Feliz tan sólo de tener la oportunidad, acepté con la conciencia tranquila el problema del compromiso: la construcción no era mía. También tengo que confesar que estaba apurado. Estamos ante un inminente final, el fin de una época, y ante una era que, quizá, no sólo prohibirá por mucho tiempo este tipo de proyectos, sino ante un modo de pensar que hará tabula rasa racionalista con todo lo que se conoce como arte, metafísica y fe. El principio de una nueva época se decidirá a partir de las disputas sobre el valor y disvalor de estas cosas.


Hay que decir que el mundo desangelado actual ha abandonado el arte de los grandes temas, sobre todo la pintura monumental y la escultura. Los fundamentos que alguna vez las sostuvieron se vinieron abajo o desaparecieron: conciencia de pueblo, ética, religión. Lo nuevo todavía genera dolores de parto y es cuestionado sin reconocimiento. Sin embargo, un gran tema persiste, antiquísimo, siempre nuevo, motivo de todas las obras de todos los tiempos: el ser humano, la figura humana. Se ha dicho que es la medida de todas las cosas. ¡Pues bien! La arquitectura es el noble arte de la proporción, ¡alíense!


Hay que decir que la proporción que nosotros portamos se manifiesta de forma creativa y es capaz de volverse nueva y de crear cosas nuevas. Seguro la geometría, la proporción áurea, la ley de las proporciones, si no se las vive, se las siente, se las experimenta, están muertas y son estériles. Tenemos que dejarnos sorprender por las maravillas de las proporciones, por el esplendor de las relaciones y correspondencias numéricas y crear principios a partir de sus resultados. Nunca se va a encontrar el contrapunto de la pintura o será, en comparación con la música, un esquema escuálido. Esto implica que los procesos creativos de estas artes son totalmente distintos… Así que, de forma espontánea, siguiendo este misterioso camino, los números 3, 5, 7 son predominantes en las más distintas formas y relaciones del trabajo en los talleres. La sensación actuó primero y la razón verificó después. Tanto en la forma como en el color. La tríada de colores básicos rojo-azul-amarillo, su complemento en cinco por medio de los no-colores blanco-negro y las resultantes series numéricas de posibles combinaciones de colores tienen su contraparte en las formas elementales y fundamentales de la superficie y el volumen, sin dejar de ser la estructura básica de una incalculable oscilación.


El tipo es el principio elemental en lo figurativo; su creación, la última y más elevada tarea; y quizá sea osado acercarse a ella cuando la fatalidad se encuentra sobre las posibilidades de su ejecución. Los motivos se dan de forma plástica (en el relieve), colorística y linear. Como abstracciones, las figuras se intensifican proporcionalmente, son mucho más grandes o más pequeñas que el cuerpo humano, que debería ser medida y centro. (En el color, ese papel lo tiene el verde, color de exteriores, que se evita en interiores).


El uso técnicamente condicionado de colores terrosos opacos (no químicos) genera una escala de colores con su propia harmonía natural: son los colores primarios rojo inglés-ultramarino-ocre (blanco y negro [como base]) y los colores secundarios: caput mortuu, umbra quemado, índigo. Hay que agregar los colores metálicos: oro, plata, cobre, azul plata, violeta plata.



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