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  • Buchwald

Aby Warburg: Astrología orientalizante, 1926

El jueves 30 de septiembre a las 5 de la tarde, se realizó una visita guiada por la Kulturwissenschaftliche Bibliothek Warburg [Biblioteca de estudios culturales Warburg], durante la cual A. WARBURG expresó:

“La biblioteca está orgullosa de ser parte del 4º Congreso orientalista alemán, y en especial por la presentación de la tercera edición de Sternglaube und Sternzeichung de Franz Boll († 1924), editada por Gundel. Este libro ofrece a los orientalistas la grata oportunidad de descubrir y atender su importancia para los Estudios orientales en el intento de hacer una historia de la mentalidad europea sobre una base filológica e histórica sólida. Hace años, gracias a Sphaera (1903) de Boll, una obra maestra aún muy poco conocida, nos fue posible entender los símbolos cosmológicos (aparentemente separados por siglos) como funciones de la misma orientación cósmica de grandes épocas y extensiones.

Luego, el ámbito de estudio de Boll se amplió porque Dyroff emprendió el laborioso trabajo de publicar la gran “Introducción” [Liber introductorius maior o Introductorium in astronomiam] de Albumasar († 886) como apéndice en el Sphaera, no sólo en árabe sino también acompañada de una traducción al alemán. Eso permitió determinar (cf. Warburg, “Italienische Kunst und internationale Astrologie im Palazzo Schifanoja zu Ferrara”, Atti del X. Congresso internat. di Storia dell'Arte en Roma, Roma, 1922) que los símbolos híbridos de estrellas que habían sido designados como “indische Dekane” [decano indio], como los enumera Albumasar, determinaron directamente la realización de las (hasta ahora) enigmáticas tres figuras que aparecían en la franja central de los frescos cosmológicos en el Palazzo Schifanoia en Ferrara (alrededor de 1470). Además, también fue necesaria la traducción de un texto indio, el Sphaera barbarica, tal como fue compilado, según Boll, por Teucro el babilonio, nacido en Cícico, durante su primera migración desde Asia Menor a través de India, antes de su llegada Bagdad. Esto no sólo demostró que se trataba de una obra auténtica de un indio concreto, Varaja Mijira, sino también que su concepción de decano provenía de una mejor fuente/tradición (la de Teucro) que la de Albumasar. El legado de Opperet a la Biblioteca de la ciudad de Hamburgo contenía la traducción del Brihajjatakam de Varaja Mijira por Chidambaram Iyer (1884), en el que se describe al primer decano de la siguiente manera: ‘En el primer decano de Aries aparece un hombre negro de ojos rojos con una tela blanca alrededor de la cintura, parece en actitud de defensa, lleva un hacha en posición vertical. Se trata de un hombre-dreskana (decano) armado y dependiente de Marte (Bhauma). En lugar del tejido que empuña en Albumasar, el decano de Varaja Mijira lleva un hacha doble. Esta herramienta está expresamente atestiguada como la insignia del primer decano en el trabajo perdido sobre las piedras mágicas que escribió Teucros (según Psellos) (Sphaera, p. 7).

Dado que el primer decano también lleva el hacha doble en el Planisphaerium Bianchini, una antigua tablilla de mármol romana (probablemente un tablero para las profecías astrológicas), podemos considerar a esta figura como Leitmuschel [Leitfosil, fósil guía] para las capas [tectónicas] de la tradición de los símbolos astrológicos. El decano de doble hacha no es más que un Perseo enmascarado, que a principios del siglo XVI consigue, por fin, recuperar su auténtica apariencia antigua de imagen celestial (en el techo de la sala Peruzzi de la Villa Farnesina).

Con la imágenes de los frescos de Ferrara en el centro, en seis paredes, se desplegó más material visual sobre la historia y la psicología de la "Sphaera barbarica” en K. B. W., para así formar los eslabones intermedios, en parte desconocidos o no comprendidos, que llevaron a la transición de la visión oriental-demoníaca hacia la ítalo-olímpica de la Antigüedad.

Además de series de imágenes –hasta ahora desconocidas– de manuscritos árabes y españoles de la época de Alfonso el Sabio, se remite, sobre todo, al Salone de Padua, donde se despliega un entramado de ilustraciones individuales en las que aparecen astrologías planetarias y estelares que fluyen en un sistema aún ignoto, donde se pone a disposición el legado pictórico astral –mecánicamente desmembrado– para la práctica de la adivinación como jeroglífico oracular del futuro.

Gracias a un libro, impreso e ilustrado por primera vez en Alemania en 1488 por Engel en Augsburgo, cerca de Ratdolt, el calendario Teucros experimentó su transformación más patente en un dispositivo de adivinación portátil para espíritus supersticiosos, como todavía se puede encontrar en la Europa de hoy, también bajo la aún vigente influencia de ese libro, degradado a un pseudo misticismo vano y barato.

Pero Padua, como emporio de la antigüedad oriental-demoníaca, puede entenderse desde otro punto de vista. Así como, desde Padua, la phaera de estrellas inundó Europa con sus símbolos ástricos, en cambio, los 7 planetas, las estrellas errantes, comenzaron su peregrinaje hacia el norte. En reproducciones alemanas de Augsburgo, Núremberg, Gotinga, Érfurt, Goslar, Hildesheim, Brunswick y Luneburgo –para dar unos pocos ejemplos–, se puede seguir, con sorprendente claridad, la migración de los símbolos planetarios (como se los llama en el tarot de Mantegna), las estaciones de la migración, y también en un calendario de la zona del bajo alemán, que, en su forma artística tangible, Arndes de Hamburgo imprimió en Lübeck en 1519.

La forma radical y decisiva en que los planetas, considerados gobernantes demoníacos del tiempo, intervinieron en la vida personal de los europeos italianos y alemanes durante el Renacimiento se muestra en dos series de imágenes muy heterogéneas. En la Farnesina, Agostino Chigi hizo representar simbólicamente su natividad en el salón pintado por Peruzzi, algo que había pasado desapercibido: las antiguas figuras de dioses, que parecen no tener relación entre ellas, significan conjunciones, y la composición permite (como comprobó amablemente el encargado del observatorio de Hamburgo, el Prof. Graff) deducir que el año 1465 fue la fecha de su nacimiento, algo que (y el Prof. Graff no lo sabía) también se acepta como el año de nacimiento de Chigi, incluso sin fuentes. Los antiguos símbolos ástricos en la cúpula de la capilla fúnebre del mismo Agostino Chigi se encuentran, en Sta. Maria del Popolo, cristianizados arqueológica y estéticamente: los brazos de los planetas están gobernados por ángeles que obedecen el mandato de Dios Padre, que aparece en el cénit de la cúpula.

En el Norte (en ese momento no se sabía nada sobre la desintoxicación estética), en los calendarios anuales, las conjunciones planetarias aparecen bajo la forma de tipos sociales contemporáneos. Son tan poco olímpicos en su aspecto y disposición que si no llevaran la insignia astrológica, se podría pensar que son escenas de la Guerra de los campesinos alemanes. La culminación de tan vehemente entrelazamiento es la conjunción Júpiter-Saturno en el signo de Marte, que forma la base del tan temido libro de profecías de Lichtenberger. Bajo esta conjunción, según Albumasar, basándose en la antigua tradición pagana de la doctrina de los grandes períodos, nace en 1484 el pequeño profeta que traería el nuevo orden del mundo espiritual.

No puede haber un ejemplo más convincente de la virulencia de tal culto demoníaco que el hecho de que Lutero haya publicado las profecías de Lichtenberger, cuyo núcleo era esa fatal conjunción planetaria (Wittenberg 1527), aunque con la intención declarada de contradecir y negar la base científica de esa fe astrológica que había llegado a propagarse tanto y afirmaba, a pesar de las fuertes objeciones de Lutero, que su fecha de nacimiento era la misma fecha profética que el 22 de octubre de 1484, y no el 10 de noviembre de 1483. De modo que su presencia podría ser interpretada, para bien o para mal, como un evento elemental cósmicamente planeado (cf. A. Warburg, Heidnischantike Weissagung in Wort und Bild zu Luthers Zeiten. Sitzungsber. d. Heid. Akad. d. Wiss., phil.-histor. Klasse, Jahrg. 1920, 26).

El mismo universo de ideas de Teucros el “babilónico” –que, por un lado, compiló la Sphaera barbarica y, por otro, debió haber practicado la magia helenística de las piedras en un manual perdido– aparece en una obra árabe hasta hace poco desconocida y posterior que, bajo el nombre de Picatrix, se enmascaraba como latina. Una cita en uno de los recién descubiertos manuscritos del círculo de Alfonso el Sabio (Vaticano reg. 1283) dio una pista sobre el autor árabe detrás del texto latino. Gracias al esfuerzo de Ritter, Bergsträsse, Plessner y Printz, se publicó casi toda la obra en árabe y, para 1927, aparecerán traducciones al latín y al alemán.

Los estudios culturales tendrán ante sí un “missing link” que muestra cómo la sabiduría griega degenera en una aburrida práctica helenizante, que finalmente se revela como el sustrato real de la “visión faustiana moderna del mundo”. Por lo tanto, la comprensión de la psicología de la conexión interna de los movimientos culturales que irradian desde la orilla del Mediterráneo depende de si la filología clásica y la historia moderna del arte se unen con los estudios orientales a partir del acceso a traducciones de los textos del Antiguo y Medio Oriente.

A partir de la serie de imágenes presentadas, es necesario demostrar, desde el punto de vista de la historia intelectual, que la astrología orientalizante es un poder que determina la selección de la herencia de la Antigüedad, un poder que explica la incapacidad europea para comprender la cultura pagana en la totalidad de su tensión polar, una función típica de la “memoria social” tendenciosa en pos de la orientación cosmológica.

La esperanza de la K. B. W. es que, en el futuro, se descubran muchos otros hitos en el camino Kyzikos-Alejandría-Oxene-Bagdad-Toledo-Roma-Padua-Ferrara-Augsburgo-Érfurt-Wittenberg-Goslar-Luneburgo-Hamburgo (un camino por ahora sólo trazado), y así la cultura europea surja como producto del conflicto, un proceso en el que, en lo que respecta a los intentos astrológicos de orientación, no tenemos que buscar amigos ni enemigos, sino síntomas de un vibración del alma que oscila entre polos muy opuestos, pero que es uniforme en sí misma: de la práctica cultual a la contemplación matemática y viceversa.

A. W.



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