• Buchwald

Merz 18/19: Ludwig Hilberseimer



ARQUITECTURA

El historicismo le proporcionó conocimientos importantes a la humanidad, que fueron neutralizados, casi en su totalidad, por su mala aplicación en el campo de las artes. Sobre todo en arquitectura. La facilidad que el tesoro de formas del pasado tiene para ser aprehendido y adaptado acostumbró a muchas generaciones de epígonos a hacer del mundo entero algo antiguo, gótico, renacentista y barroco. La arquitectura se convirtió cada vez más en una cuestión puramente decorativa. Con su progresiva academización fue perdiendo cada vez más el vínculo orgánico con la vida, su verdadera causa. Cualquier relación vivificante con el presente fue ignorada. Haciendo caso omiso de sus factores más esenciales, el problema arquitectónico pasó a ser puramente formal y se intentó ocultar la incapacidad creativa detrás de decorativas trampas de estilo. La estética hizo que la arquitectura fuera considerada un mero problema visual de la forma. Pero su esencia es más profunda, no se agota en simples impresiones ópticas.

La arquitectura no puede ser pensada de forma aislada. La arquitectura está siempre en relación con la totalidad del contexto sociológico, económico y psicológico que la acompaña y es su expresión artística.

Arquitectura es creación de espacio. Su base es la sensibilidad espacial [Raumgefühl]. La objetivación en la materia hace perceptible la sensibilidad espacial y le da forma a la sustancia material según una idea. Dar forma a la sustancia material según una idea significa también la formación de la sustancia ideal según las leyes de la materia. La arquitectura surge de la fusión de ambos momentos en una única forma. Por lo tanto, esta depende tanto de la idea de espacio como de la materia que encierra el espacio; solo acontece por medio de su inextricable unión, y se hace realidad por medio del proceso de composición.

La composición, por tanto, tiene una doble función, dos clases de sustancias como objeto; provoca una doble separación en la naturaleza; elimina la sustancia material e ideal de todas las relaciones anteriores; une a ambas de acuerdo a ciertas leyes; las convierte en un organismo unificado, cerrado en sí; y así representa una restricción espacial o temporal.

Con este énfasis en lo formal no debe minimizarse el significado del contenido y otros momentos, pues son precisamente estos los que deben concebirse por medio de la composición. Así, una forma sólo puede ser perfecta si se ajusta en todo aspecto al contenido. Como todo lo imaginable puede ser contenido de la obra de arte, el momento teleológico no se excluye de la composición; sí, de hecho, en la arquitectura, éste se convierte en sustancia ideal y la composición lo obliga a convertirse en forma. La arquitectura está mucho más arraigada con la materia que cualquier otro arte. Someterla a la composición formal es una de sus principales tareas.


Construcción exterior e interior se condicionan mutuamente. La estructura del espacio interior determina la composición del exterior, y al revés, el interior depende de los principales rasgos de la composición exterior. Construcción exterior e interior se delimitan entre sí en las superficies exteriores del edificio.

Como síntesis de ambas relaciones espaciales, estas integran la verdadera forma arquitectónica. La correspondencia simultánea entre construcción interior y exterior crea la proporcionalidad necesaria para su ejecución. Esta correspondencia es fácil de lograr en edificios de un solo espacio [bei einräumigen Gebäuden]. La situación se complica con un número creciente de espacios y pisos. Al superponer los pisos uno encima del otro, se obtendrá automáticamente una estructura horizontal del edificio, mientras que el énfasis unilateral en la vertical no tiene sentido en un edificio de capas horizontales.

La relación entre la construcción interior y la exterior está determinada por el plano. Cada una es la razón de la otra. Esto hace que el plano sea de suma importancia para la composición general. El plano debe ser legible desde el exterior y viceversa. El plano trae la tercera coordenada espacial a la horizontal y vertical: la profundidad. Por lo tanto, se lo incluye instintivamente. Es la proyección horizontal del edificio, al que, geométricamente, determina y fija con las proyecciones verticales, secciones y vistas.


La arquitectura del presente se diferencia principalmente de la del pasado por sus condiciones sociológicas. Los nuevos requisitos funcionales resultan, a la vez, peculiaridades formales de absoluta relevancia para la arquitectura actual. Son lo nuevo y lo estimulante, representan en formas el momento artístico hoy válido. Hoy no necesitamos catedrales, templos y palacios, sino edificios de viviendas, edificios comerciales y fábricas, que, sin embargo, fueron construidos como catedrales, templos y palacios. Componer un edificio de viviendas, un edificio de oficinas, una fábrica de forma sensata es una de las tareas más importantes de la arquitectura contemporánea. Tipos puros de esta clase de edificios aún no han sido desarrollados, tienen que ser creados. Dada la similitud de sus propósitos, es posible hacer una tipificación integral y, así, una industrialización de toda la rama de la construcción, una tarea necesaria, cuyo primer paso todavía no se ha dado.


Hasta ahora, la arquitectura ha intentado evadir la normalización subyacente a toda la industria. Todavía actúa a partir de bases individuales y artesanales, mientras que todo el presente lo hace a partir de condiciones industriales colectivas. Hasta ahora, la ignorancia de necesidades básicas solo ha conseguido paralizarla. ¿Hay algo más paralizado que la arquitectura contemporánea? Sin embargo, la creatividad se manifiesta precisamente en el hecho de procesar y transformar la totalidad de lo dado, en encontrarle una forma que se adapte a este.


La arquitectura depende esencialmente del dominio de dos factores: de la célula individual del espacio y de todo el organismo urbano. El espacio como componente de la casa agrupada en cuadras determinará su apariencia y así se convertirá en un factor de composición del trazado urbano, el verdadero objetivo de la arquitectura. En cambio, la composición del plano de la ciudad tendrá una influencia significativa en la formación del espacio y las casas.


El espacio, su composición a partir de los elementos que lo crean, da como resultado un conjunto de posibilidades creativas. Por medio de una nueva sensibilidad espacial surgen nuevas relaciones entre condiciones espaciales. La organización de los espacios individuales a partir de un plano generan una casa funcional a toda una cuadra. Esto da como resultado relaciones extensas de naturaleza formal, lo que permite una síntesis completa de formas. Junto a la masa cúbica, que surge del poder formador del plano, el número de pisos y la terminación superior que forma la silueta, la división y apertura de las superficies del edificio es fundamental. El problema arquitectónico radica en desarrollar orgánicamente avant-corps [Vorsprung], aberturas y depresiones en el edificio. El avant-corps se convierte en la función positiva de la superficie combinada, la abertura y la depresión, con sus oscuridades, se vuelven negativas. Como factores estructurantes más fuertes, ambas funciones espaciales determinan el ritmo del edificio. Incluso las grandes aberturas, los espacios incrustados en otros espacios deben integrarse orgánicamente en el edificio como elementos formadores de espacio. Tienen que pasar de ser destructores de forma a creadores de forma.

La nitidez y precisión de la acentuación rítmica depende de la relación de la forma con la luz, se basa sobre el contraste entre el brillo de la superficie y las depresiones oscuras que la interrumpen.


La identidad entre construcción y forma es condición imprescindible de la arquitectura. Al principio parecen opuestas, pero la arquitectura se basa precisamente sobre su conexión, su unidad. La construcción y el material son las condiciones materiales de la composición arquitectónica y están constantemente interrelacionados con ésta. Así, la arquitectura griega se basa sobre la alternancia de verticales y horizontales, que está condicionada por la construcción de piedra; aprovecha al máximo las posibilidades de la piedra manteniendo la unidad del material. Un templo griego es una perfecta obra de ingeniería en piedra. Con la construcción de arcos y bóvedas, los romanos enriquecieron significativamente la simple alternancia de verticales y horizontales, pero abandonaron la unidad del material, crearon la forma característica de composición en construcción –que hoy en día perdura– al organizarla en estructuras de soporte, relleno y paramento, que condicionaron, sobre todo, la aparición de la piedra tallada en los marcos en las aberturas y las transiciones entre pisos. Al colocar pisos, uno encima del otro, estructurados al azar por columnas, se creó la estructura horizontal típica de los edificios de varios pisos, un principio que recién Miguel Ángel rompió. Por primera vez, combinó varios pisos bajo un solo orden. Este es el comienzo de la decoratividad [Dekorativität] absoluta de las estructuras derivadas de la antigüedad. Estas perdieron cada vez más su sentido constructivo y estructurante, hasta convertirse, finalmente, en un completo engaño: la arquitectura del siglo XIX.


Solo la arquitectura de la ciudad y sus novedosos proyectos arquitectónicos han hecho que nuevas construcciones y nuevos materiales sean una exigencia ineludible. Los únicos materiales de construcción que se pueden utilizar en los edificios de las grandes ciudades son aquellos que permiten el mayor aprovechamiento posible del espacio, combinan la mayor resistencia al desgaste y a los efectos de la intemperie, con la mayor resistencia.


Hierro, hormigón y hormigón armado son los materiales de construcción que posibilitan las nuevas construcciones necesarias para los requerimientos de las grandes ciudades, construcciones capaces de cubrir de forma horizontal o arqueada grandes espacios, de tener voladizos sin soporte. Hormigón y hormigón armado son materiales de construcción que no ponen, relativamente, límites a la imaginación del arquitecto. No nos referimos a su maleabilidad, la posibilidad de superar todas las limitaciones materiales al poder echar el hormigón en una forma, al contrario: nos referimos a sus consecuencias constructivas, la posibilidad de producir una estructura completamente homogénea, la combinación de partes que soportan y son soportadas, la posibilidad de reducir su masa, la omisión de cualquier estructura decorativa en techos y paredes. Dadas las posibilidades constructivas del hierro y hormigón armado, se ha superado el antiguo sistema de soportes y cargas que solo permitía construir de abajo hacia arriba y a partir de la fachada, hacia atrás. También posibilitan que la construcción se lleve a cabo hacia adelante, en voladizo, más allá de los soportes; permiten una completa separación de las partes que soportan y las que son soportadas, reducen la estructura portante a unos pocos puntos, descomponen la construcción en un esqueleto portante y en paredes no portantes, sólo circundantes. Esto da lugar a nuevos no sólo a problemas técnicos y materiales, sino, sobre todo, a un nuevo problema arquitectónico-óptico, a un completo cambio en la apariencia estática del edificio, en apariencia tan firmemente establecida.


En el futuro, el arquitecto tendrá que abstenerse de embellecer los edificios en su exterior o de imponerles una máscara que debe ser monumental. Tiene que liberarse de todo el lastre formal que carga de una educación docta. Para él, la simplicidad de un vagón en un tren expreso o en un camarote de transatlántico es más ejemplar que el esquema decorativo de cualquier estilo. A partir de la finalidad, la construcción y el material tiene que desarrollar de forma orgánica la solución a las nuevas tareas. Sobre todo tendrá que orientar su interés hacia el problema constructivo, porque lo nuevosólo puede surgir a partir de lo constructivo y funcional.


La idea constructiva debe estar impregnada del espíritu arquitectónico, el impulso de la ingeniería por carácter no puede ser truncado por ideas preconcebidas de forma. La arquitectura ha perdido los elementos constructivos debido al imperativo de la división del trabajo y su ignorancia. Sólo cuando la recupere y domine de forma creativa alcanzará auténticos resultados y trascenderá la esterilidad de su condición de epígono. Únicamente la composición de lo funcional conducirá a la arquitectura pura. La función constructiva tiene que entenderse como arquitectura, la tensión en sus relaciones –la construcción en sí, más allá de su materialidad– tiene que convertirse en forma arquitectónica. La voluntad artística siempre será de suma importancia, pero esta voluntad tiene que caracterizarse por no descuidar ninguno de los elementos que determinan la unidad. La construcción calculada y la sensibilidad instintiva para la masa y la forma tienen que ser concebidas como una unidad en contradicción. Las matemáticas y la estética no se excluyen, son herramientas que comparten los mismos derechos; son, de hecho, la base de toda arquitectura.