©Buchwald Editorial, 2019, Buenos Aires

Poema

26/07/2019

La noche del 30 de junio al 1 de julio de 1925 soñé

cosas extrañas y nítidas.

Vi, en el ángulo de dos paredes bajo

un alero, un gran nido de pájaros. Estaba ocupado

por una familia de gatos. Las crías ya eran 

grandes, de unas cuatro semanas. Una en especial,

un gatito negro y atigrado, colgaba despreocupado

con medio cuerpo en el aire.

Debajo solo había un escalón

angosto por donde la madre cruzaba del nido

a una ventana abierta. Pensar en que la primera salida de los

gatitos se daría sobre camino tan peligroso

me alarmó; decidí prepararme para enfrentar

el peligro inminente.

Luego me vi cavando en un jardín. Con mucho esfuerzo 

había

preparado algo que sería 

de mucha utilidad.

De repente, un perro se precipitó sobre el lugar

se revolcó y destruyó todo a su alrededor

ayudándose con el hocico.

Sorprendió que se lo haya permitido.

Pero me excusé diciendo que se trataba de un

“erudito en la materia”.

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