©Buchwald Editorial, 2019, Buenos Aires

Idea y organización de la Bauhaus (1923)

02/05/2019

En la primavera de 1919, el autor de este texto asumió la dirección de las antiguas Escuelas de Bellas Artes y de Artes y Oficios de Weimar, ambas llamadas Gran Duque de Sajonia, y las unificó con el nombre de “Bauhaus Pública” [Casa de construcción]. El ambiente reflexivo de las Bellas Artes y el trabajo manual de los oficios proporcionarían el marco para el surgimiento de un nuevo plan de estudios dirigido a quienes tuvieran talento artístico. El axioma con que se comenzó a trabajar fue: “La Bauhaus aspira a la totalidad de las actividades artísticas y a la reunificación de las disciplinas en artes industriales y artesanías, y a que estas sean constitutivas del nuevo arte de la construcción. El objetivo final, aunque distante, de la Bauhaus es la obra de arte colectiva –la construcción–, en donde no existen límites entre el arte monumental y decorativo”. 

 

El principio que rige la Bauhaus es, por lo tanto, la nueva unidad: la suma de las distintas actividades “artísticas”, “movimientos” y manifestaciones en una totalidad inseparable, cuyo origen es el mismo ser humano, y solo adquiere sentido y significado en lo vivo.

 

El rendimiento del ser humano depende del equilibrio de todos sus medios creativos. No basta con cultivar uno u otro. Todos necesitan una formación sistemática. La forma y el alcance de la formación en la Bauhaus son el resultado de este principio. Abarca lo artesanal y lo científico de la creación plástica.

 

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La Bauhaus considera que la máquina es el medio de composición más moderno que existe y busca dedicarse práctica y teóricamente a ella. Sin embargo, enviar estudiantes con talento artístico a que realicen prácticas en la industria no restablecería el vínculo con los oficios, de hecho, el carácter mercantil y objetivo del trabajo industrial los asfixiaría; en cambio, el trabajo artesanal es coherente con su espíritu e intelecto y, por lo tanto, el indicado para su formación. El trabajo artesanal recae en un solo artesano, en una unidad de trabajo; mientras que el trabajo industrial funciona a partir de la distribución del trabajo; por lo tanto, la principal diferencia entre los oficios y la industria no está en el contraste entre el refinamiento técnico y tecnológico de la máquina frente a las herramientas manuales. Pero no se puede negar la división del trabajo, como no se puede negar la influencia de la máquina en el desarrollo económico. El origen de la disolución de la unidad del trabajo nacional está en el espíritu materialista de la época, en la escasa relación del individuo con el todo, no en la máquina y en la consecuente división objetiva del trabajo.

 

La Bauhaus no pretende ser una escuela de oficios, todo lo contrario, busca conscientemente el vínculo con la industria, porque el antiguo trabajo artesanal ya no existe. Es propio del ser humano querer perfeccionar sus herramientas de trabajo para optimizar el trabajo mecánico y poder dedicarse al intelectual. Regresar conscientemente a los antiguos oficios sería un error atávico. Los oficios y la industria contemporáneos están en constante acercamiento y, eventualmente, formarán una nueva unidad de trabajo que le devolverá el sentido y espontaneidad al trabajo colaborativo en un todo. Se trata de la condición indispensable para la reconstrucción colectiva. En esta nueva unidad de trabajo, el oficio del futuro será el laboratorio para la producción industrial. Su trabajo experimental establecerá los parámetros para su diseño, para su producción industrial.

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