• Buchwald

Wassily Kandinsky: Prefacio a la segunda edición de El jinete azul

Han pasado dos años desde la publicación de la primera edición de este libro. Uno de nuestros objetivos –el principal, en mi opinión– sigue siendo casi inalcanzable. Queríamos mostrar, a través de ejemplos, de asociaciones concretas, de argumentos teóricos que la cuestión de la forma en el arte es secundaria, que la pregunta sobre el arte es, principalmente, una pregunta sobre el contenido.


En la práctica, El jinete azul sigue teniendo razón: lo que es producto de la forma está muerto. Apenas vivió dos años –supuestamente–. Aquello que surgió de la necesidad siguió “desarrollándose”. Dado el ímpetu de nuestro tiempo, lo que es de fácil comprensión ha hecho “escuela”. Es así que el movimiento aquí retratado se ha generalizado y, al mismo tiempo, se ha vuelto más concreto. Las explosiones que, en un principio, son necesarias para darse a conocer se fueron apagando y dieron paso a un caudal más silencioso y cada vez más fuerte, más amplio y sólido.


Esta expansión del movimiento espiritual y, por otro lado, su enérgica fuerza concéntrica –que no deja de atraer nuevos elementos hacia sí– es el signo de su destino natural y su objetivo más evidente.


Y la vida, la realidad, sigue su camino. Las atronadoras características de la gran época son desoídas de una manera casi inexplicable: el público (al que pertenecen muchos teóricos del arte), contrario a los esfuerzos intelectuales de los tiempos, se dedica a contemplar, analizar, sistematizar –como nunca antes lo había hecho– los elementos formales.


Quizá estos tiempos no sean lo suficientemente maduros para la “escucha” y el “mirar”.


Pero la legítima esperanza de que llegará la madurez también tiene sus raíces en la necesidad.

Y esa esperanza es la razón más importante para esta reedición de El jinete azul.


Al mismo tiempo, durante estos dos años y en algunos casos puntuales, parece que el futuro se está acercando. Explicar algo con precisión y claridad, hacer una valoración crítica parecen tareas más accesibles. Lo demás se desarrollará de forma orgánica a partir de lo ya generalizado. Este crecimiento y el actual vínculo evidente entre los distintos ámbitos de la vida espiritual –antes ilusoriamente separados–, su acercamiento mutuo, su incompleta compenetración y las formas híbridas –y, por lo tanto, más ricas– que esa unión produce, hacen de las ideas de este libro (que proyecta una nueva reedición) algo necesario.


K.