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René Schickele: Expresionismo

Como ya nos encontramos en pleno “expresionismo”, no voy a guardarme mi opinión. El expresionismo vale tanto y tan poco como cualquier otro eslogan. Hubo poemas expresionistas y pinturas expresionistas antes del expresionismo. Hoy llamamos con demasiada frecuencia “expresionista” a lo que solíamos llamar romántico, por lo que no es correcto decir que la intensidad de expresión –que se supone lo caracteriza– se nos haya transmitido de obras francesas. En cualquier caso, el eslogan sólo tiene el valor de un eslogan, como lo fue el realismo y el naturalismo de las generaciones anteriores. Puede convertirse en una fuerza moral o perderse en la historia del arte y la literatura. El ensayo que Heinrich Mann publicó en el número de noviembre de esta revista muestra el poder político que el naturalismo alcanzó en Francia, algo que, comparado con el capricho socializador de los naturalistas alemanes y su rápido ascenso –no eran más que eruditos, literatos, que, dicho se de paso, no tardaron en emigrar a Berlín– sólo expondría la desproporción a una luz más evidente.


El expresionismo, visto por aquellos que son llamados expresionistas, es también, por supuesto, una forma técnica de expresión, a la que los naturalistas se enfrentan tal como los alemanes “totales” de la década de 1880 al naturalismo. Sin embargo, significa, sobre todo, el deseo de poner junto a la representación una voluntad moral; es combativo, es radical, expulsa al arte –que desde nuestro clasicismo ha llevado una elegante vida privada– a la calle, incluso a riesgo de morir.


1916

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