• Buchwald

Maria Sibylla Merian: Perejil francés

Es increíble cuantas orugas buscan lo verde. Al principio es muy complicado distinguirlas unas de las otras. A veces el tamaño, el grosor, la forma; otras es el color, la decoración (líneas, manchas o puntitos y cosas por el estilo); son tan parecidas que hasta el observador más informado no puede distinguirlas si no es con un lente de aumento que se llama “microscopio”, o si uno se dedica a criarlas y a una meticulosa observación. En ese caso, se puede hacer distinciones a partir de su alimentación, su proceso de transformación (inicio, metamorfosis, final) y clasificar según la avecilla que emerja.


Este proceso lo experimenté más de una vez con muchas orugas verdes. De todos modos, la oruga que se ve en el grabado, abajo, era claramente reconocible y distinguible de las demás, porque tenía un color verde precioso con rayas blancas y sus excrementos eran negros.


Tiene seis garritas y, en la mitad de su cuerpo, ocho patitas redondas; al final, dos más, todo de color verde. Las encontré a principios de mayo entre el perejil, con el que las alimenté hasta fin de mes. Su transformación comenzó con un capullo blanco, allí se hizo un carozo de color marrón que, como un niño arropado, se puede ver sobre una rama de perejil.


Catorce días después salió la polilla, de color marrón y cubierta de puntitos de un marrón más intenso. Tiene seis patitas, dos cuernos grandes y dos chicos. La oruga es muy pequeña y la polilla sólo sale por las noches. Mientras vuela tiene un brillo muy hermoso. Se la puede ver abajo, junto a la oruga verde.